Aleph

Las universidades del siglo XXI

Vemos la necesidad de una educación superior pública de buena calidad, acorde a los tiempos.

Viendo el fraude que cometió, dos veces, el usurpador de la rectoría de la Usac, la única universidad pública de Guatemala, junto a su Consejo Superior Universitario (CSU), y, en paralelo, la cantidad de universidades fantasma o de garaje que han surgido para hacerle el juego al sistema y a las mafias, cabe preguntarse ¿para qué sirve una universidad en nuestro tiempo y nuestra sociedad? ¿Ejemplo de qué son hoy las “autoridades universitarias”? ¿Si la Ley de Comisiones de Postulación se derogara en Guatemala, seguirían existiendo muchas de estas universidades?

¿Ejemplo de qué son hoy las “autoridades universitarias”?

Federico Mayor dijo, hace ya tiempo, algo que nunca olvido: “La universidad no puede ser apolítica, jamás… su misión fundamental es ser la conciencia crítica de la sociedad”. De acuerdo. Una juventud sin conciencia del país y del mundo en que vive, que no sabe cuál es su historia ni qué país sueña, ni cuál es su lugar en la sociedad, ni qué ideas tiene de sí misma o de su futuro, que no puede participar plenamente y en libertad, ¿a qué va a la universidad? La universidad es una institución concebida para formar ciudadanía crítica, pensante, creadora y propositiva frente a las múltiples crisis. En ese sentido es política. Pero también puede ser algo muy distinto, como ha sucedido con la Usac del usurpador: una entidad secuestrada por las mafias corruptas que operan para desmantelar el Estado de derecho y burlar la Constitución, sacrificando el conocimiento. Y, por si fuera poco, a través de un proceso que busca legitimar el fraude como mecanismo ejemplarizante de cara a las elecciones de 2027 en Guatemala.

Otro de los grandes problemas de la mayoría de universidades de todos los colores es que son comunidades conservadoras que no permiten el libre intercambio de ideas y más parecen colegios superiores, fuertemente influenciadas por el modelo económico y el gremialismo. Cada vez que una universidad se transforma en una torre de marfil, en un templo de dogmas o en una intermediaria de los intereses de las élites de poder, se separa de su verdadera misión.

El boom que hizo surgir en las últimas décadas cientos de universidades privadas fantasma en América Latina no ha sido garantía de una cobertura educativa suficiente ni de una educación superior de calidad. Muchas de estas universidades se caracterizan por su baja calidad educativa, por dar títulos y diplomas a granel en corto tiempo, sin que haya siquiera suficientes empleos para quienes los obtienen. El boom obedeció, en un inicio, a la idea de que concluir una carrera universitaria era siempre sinónimo de movilidad social, pero los índices de subempleo, desempleo o informalidad contradicen la formulita.

Por otra parte, muchas de las universidades han buscado que la educación superior se adapte al mercado, lo cual no debería significar definirla desde una concepción únicamente mercantil. Se ha vuelto a cuestionar el hecho de que algunas universidades hayan desechado a las Humanidades, por ejemplo. Vale la pena leer https://www.economist.com/science-and-technology/2026/06/24/why-big-ai-

labs-are-hiring-so-many-philosophers en The Economist, que nos habla de por qué los grandes laboratorios de IA están contratando filósofos. La economía de mercado es una realidad ineludible, pero jamás podrá ser el horizonte de una sociedad que reconoce los valores humanos, ciudadanos y democráticos.

Vemos la necesidad de una educación superior pública de buena calidad, acorde a los tiempos, fuera de los marcos de la corrupción y el gremialismo. Sabemos que, entre más pobre un país, más alto el costo relativo por estudiante universitario y mayor el esfuerzo en el presupuesto nacional. Por todo, es inaudito que entre el mafioso usurpador de la Usac, el CSU y una CC cómplice, le estén haciendo tanto daño a miles de jóvenes y a nuestra única universidad pública. Y digo nuestra, aún sin ser sancarlista, mientras me pregunto si vamos a dejar que el Pacto de Corruptos, por medio de su grupito de operadores, defina así el futuro de Guatemala.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas