A contraluz

Lección de austeridad en el Congreso

Haroldo Shetemul @hshetemul

Uno podrá estar o no de acuerdo con los planteamientos político-ideológicos del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), pero su única diputada ha levantado polvo y recibido un respaldo popular sin precedentes. La acción de Vicenta Jerónimo, indígena mam de 48 años, fue muy modesta: renunció a la comida pagada con fondos del Congreso. Esta medida ha recibido respaldo en medios de comunicación y se ha convertido en tendencia en redes sociales por la sencilla razón de que cuestiona los abusos y privilegios que ocurren en el Legislativo. ¿A usted, estimado lector, sus empleadores le pagan su almuerzo o refacción? No, eso lo tiene que sufragar con su sueldo. ¿Entonces por qué tenemos que darles de comer a los diputados, cuando ha habido casos como el de Juan Manuel Giordano, que a costillas de nuestros impuestos gastó miles de quetzales en restaurantes de lujo?

La diputada Jerónimo tampoco aceptó el celular, seguro médico y asignación mensual para el funcionamiento de su bancada. Estas medidas de austeridad demuestran un sentido ético. En varios países europeos, por ejemplo, los legisladores viven en apartamentos modestos, sin servidumbre; se movilizan en bicicleta o transporte público, lavan su ropa en máquinas comunitarias, carecen de guardaespaldas y pagan todos sus gastos. En Guatemala, los diputados se creen reyes y solo por los alimentos que consumen en sesiones plenarias, trabajo de comisiones, instancia de jefes de bloques, junta directiva y comisión permanente se gastaron el año pasado Q29 millones 168 mil, según informes del Legislativo. Derrochan otros Q13 millones en contratos de seguros, además de tener caja chica mensual de Q190 mil y otra anual de Q573 mil para todo tipo de gastos, lo cual convierte a este Congreso en el más oneroso del Istmo.

Por supuesto, no a todos les cayó bien la decisión de la legisladora indígena. El más furibundo fue el diputado Álvaro Arzú Escobar, que en tono altanero calificó esa decisión de populista. Dijo que Jerónimo hasta podía renunciar a la curul, como si él fuera el dueño del organismo, y la atacó con el señalamiento de que Codeca-MLP roban energía eléctrica. Sin embargo, jamás cuestionó los gastos exorbitantes de Giordano en festines. La actitud virulenta de Arzú Escobar lo pinta como alguien acostumbrado a aprovecharse de los recursos del Legislativo, como lo hizo cuando presidió ese organismo. La decisión de la diputada desnudó a los corruptos y él se sintió aludido.

Arzú Escobar es un empleado público que recibe una buena paga y no fue electo para ponerse en el ridículo de aferrarse a un almuerzo que puede cubrir con su sueldo y los recursos que su familia ha saqueado del Ejecutivo y la municipalidad capitalina desde hace años. Lo raro es que hasta el presidente del Cacif, Juan Carlos Tefel, se unió a Arzú Escobar para atacar a la diputada Jerónimo con el sambenito del robo de energía eléctrica, pero sin decir nada de que el Legislativo despilfarra fondos para indemnizar a los diputados. El dirigente del Cacif guarda silencio sobre que la legislatura anterior autorizó la indemnización a todos los diputados, pese a que estos no la pueden pedir porque ocupan un cargo por elección popular y no por contrato con el Estado, sin derechos laborales adquiridos.

Afortunadamente, en la nueva legislatura varias bancadas muestran signos de comprender que ya no pueden seguir con la actitud voraz de gente como Arzú Escobar. La renuncia a prebendas como las comidas, celulares y seguros médicos es una actitud que dignifica a los que la asumen. Quienes se oponen a despojarse de privilegios en el Congreso no entienden que esta es una manera muy sencilla de recuperar el respeto que desde hace tiempo perdió el Congreso, que para un alto número de guatemaltecos no es más que una cueva de corruptos, interesados en enriquecerse con negocios oscuros.