Cable a tierra

Letanía de Semana Santa

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Haciendo eco a un gobierno irresponsable, está la gente que sale de vacaciones como que hubiera vivido 30 años bajo cuatro llaves. No, no me refiero a quienes no tienen más opción que salir porque, de lo contrario, no llevarán alimentos a la mesa familiar. Me refiero a la gente que, en contra de toda recomendación e información disponible, e inclusive endeudándose, simplemente se van de veraneo sin importarles si se contagian o si contagian a alguien más. Gente que prefiere exponerse en una procesión dentro de un templo hacinado, que dejar su rito en paz un año más. Por gente así, es que quienes se quejan de que no tiene sentido cerrar las escuelas hacen ver racional su peligrosa exigencia de hacer lo mismo antes de que las comunidades educativas sean vacunadas. Y las empresas y comercios, ávidos de consumo, pues no se quedan atrás. Todos son cómplices en una danza mortal que fácilmente ha costado ya unas 9 mil vidas solo por causa del covid-19, según los registros que hemos estado monitoreando en el Renap.

Es muy probable que, luego de la semana de Pascua, volvamos a tener una escalada significativa. No las colinitas que muestra el MSPAS en sus “proyecciones” sino una escalada de verdad. Me baso en el hecho de que, antes del feriado, llevábamos ya más de 10 días con cerca de 900 casos diarios registrados, e índices de positividad al alza especialmente en el suroccidente y suroriente del país. Esto implica que, potencialmente, una base poblacional de contagiados asintomáticos, andará caminando a la par suya en la playa y, sobre todo, en los centros de recreación de todo tipo.

Para tapar el ojo al macho, el Ministerio de Salud emite acuerdos con disposiciones que sabe perfectamente que no se cumplirán. Menos aún, cuando el propio presidente sale dando el mensaje opuesto, alentando irresponsablemente a que todos salgan a pasear. Segura estoy que en el MSPAS saben el ridículo que hacen, pero se lo tragan porque, con ese acuerdo, se cubren las espaldas. Por si fuera poco, el aumento de capacidad de encamamiento en los hospitales no se deja ver por ninguna parte. De hecho, de noviembre para acá, más bien se redujo la capacidad de atención médica para el covid-19 en los hospitales públicos.

Así llegamos al verano nuevamente: al pésimo manejo epidemiológico se suma la clara negligencia en la gestión de compra de vacunas en el mercado mundial. Siempre he pensado que la verdadera intención detrás de esos retrasos es “guardar las fichas —Q1,500 millones por el momento—” para comprarle la vacuna a los proveedores privados locales, en cuanto se pueda. Mientras, nos entretienen a todos con que están aplicando las donadas por la India y las compradas por Covax. Por eso, la vacunación desordenada y a paso de tortuga, además de mostrar negligencia, incompetencia y desinterés por hacer las cosas bien, es, ante todo, una forma de prolongar el proceso de vacunación con las donaciones mientras se abre el mercado mundial y los importadores locales pueden proceder a traer las vacunas y vendérselas al propio MSPAS, controlando así lo que ya saben que es y será, por varios años, un jugoso mercado.

En Estados Unidos de Norteamérica y en partes de Europa se llegará en el verano, o a más tardar el otoño, a niveles mínimos de cobertura poblacional. La demanda y el acaparamiento comenzarán a reducirse y entonces, las farmacéuticas mundiales voltearán a ver a sus “representantes legales” en países como este. La venta será loca. Basta ver lo que pasó con la compra de pruebas para covid-19 por el MSPAS, otro jugoso negocio, para saber lo que acá espera. No en balde negociaron su cheque en blanco en el Congreso.