La buena noticia

Líderes que inspiran, amando

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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El evangelio de hace ocho días y el de este domingo provocan reflexionar sobre la urgencia de liderazgos que, al estar inspirados en la praxis de Jesús y en el dinamismo del amor como el criterio fundamental de la vida, alienten en los pueblos la aplicación de la justicia, la edificación de la paz y la promoción del desarrollo humano integral. Así se concreta el amor en la vida de los pueblos.

Esto implica trabajar por mejores liderazgos en lo cultural y educativo, político y económico, familiar y empresarial. Todo ciudadano que busca el bien común y la vida digna de quienes están a su lado debería reunir las tres características que emergen de la afirmación de Jesús: “Escuchan mi voz, los conozco y me siguen”.

Es decir, quienes dependen de una persona por el rol que desempeña escuchan su voz, porque es veraz y de palabra inspiradora; se conocen recíprocamente, porque hay una relación de amistad y transparencia; y lo siguen, por su carisma, autenticidad y confianza.

Una de las consecuencias de vivir en este “no país” llamado Guatemala, además del miedo y la polarización de la sociedad, es la destrucción del tejido social y el aniquilamiento de líderes y opositores al statu quo. Unos son asesinados y otros obligados al exilio. Desde el poder político-económico y hasta religioso se ejerce mal el liderazgo.

Ante la situación actual del país —no solo por la pandemia y la nefasta estrategia de vacunación, sino por la consolidación de un régimen de corrupción e impunidad que se viene imponiendo, desde el gobierno de Morales hasta hoy—, “el mandamiento nuevo” de Jesús abre un nuevo horizonte para asumir los retos de las comunidades eclesiales y de la sociedad entera como la mejor opción, con la condición de asumir la novedad de dicho mandamiento.

¿Dónde está la novedad? Cuando todo liderazgo se intenta ejercer en el amor al estilo de Jesús, que pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos por las estructuras del mal, esto es un amor solidario y eficaz. Cuando el amor no se queda en un sentimentalismo tranquilizador de conciencias ni en testigo mudo ante las injusticias, para no incomodar a quienes detentan el poder económico, responsables de la desigualdad social.

Tampoco tolera a los serviles del régimen de impunidad que la clase política en el poder, sin visión de país y sin ética, consolida; ni a cobardes por su incapacidad para asumir una línea profética de denuncia del pecado estructural y anuncio del proyecto de Dios.

Cuando el amor no es neutral, sino preferencial por los empobrecidos de cualquier sociedad, es un amor hacia las víctimas de todo sistema imperialista que privilegia a unos pocos y desprecia a las mayorías, como la dictadura de la impunidad que hoy tenemos.

El amor al estilo de Jesús tiene una dimensión de servicio y entrega de carácter solidario y liberador, poniéndose al servicio de los que nada tienen, saben y pueden, defendiendo a los débiles y pequeños que el sistema excluye.

Se pone del lado de las víctimas y de los más vulnerables que el Estado racista y militarista oprime; es estar con los que no tienen poder, porque aquellos que lo ostentan utilizan, manipulan y engañan al ciudadano.

Es estar con los que no tienen cómo defenderse a sí mismos, porque el sistema de justicia esta cooptado por poderosas mafias; está con los que no son grandes o importantes por su condición de ciudadanos comunes y corrientes, para empoderarlos desde su dignidad.

El amor al estilo de Jesús nos acerca, como el buen samaritano, para escuchar y levantar a quienes están solos, heridos, encunetados y desvalidos, porque el sistema desde hace 200 años los explota y deja medio muertos.