Registro akásico

Lo más importante es la probidad

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

El Plan Cuscatlán del presidente Bukele propone construir un Tren del Pacífico. Una línea férrea que unirá los puertos oriental y occidental de El Salvador: Puerto Cutuco, en La Unión, vecino al golfo de Fonseca, hacia el puerto de Acajutla. Ese eje se conectaría a un transporte intermodal: camiones, aviones, etc. El meollo consiste en conseguir el financiamiento. Bukele buscó a los japoneses para que invirtieran en ese proyecto. No obstante, Japón ya lo hizo en Cutuco con magros resultados. Así que seguir financiando proyectos es riesgoso para los nipones; sobre todo porque gran parte del fracaso se debe a la falta de honestidad en la función pública. La nueva administración salvadoreña necesita encontrar al financista. ¡Que les vaya bien! Ojalá los salvadoreños consigan recuperar el ferrocarril.

Para el país, reanimar la vía férrea costera y la que corre a lo largo de la frontera con Honduras tiene una ventaja, pues el derecho de vía existe. No obstante, la inversión sería importante. La comunicación con México y El Salvador, además del obvio transporte de personas, fortalecería la dinámica de la costa sur. Se tiene la posibilidad de conectar los puertos del Mar Caribe con el Pacífico, para posibilitar un canal seco del que se ha hablado hasta la saciedad, en todos los gobiernos posteriores a los acuerdos de paz.

La actividad económica en la costa sur utiliza el transporte por carretera. Inexplicablemente se construyó una autopista hacia México en lugar de privilegiar la dirección a El Salvador. El comercio con Centroamérica es el 29% de total de exportaciones. Del total de exportaciones, con El Salvador es el 12% y con Honduras, el 9%. Mientras que con México apenas alcanzan las exportaciones el 4% de total.
Los mexicanos no pueden incrementar las compras al país, pues tienen un desarrollo industrial más elevado y además producen bienes agropecuarios similares a los locales. El trasiego de productos mexicanos es facilitado en las numerosas líneas de autobuses que trasladan mercadería en grandes magnitudes, tanto encima del techo, donde suelen tener una reja de metal, como en el interior, sobre las cabezas de los pasajeros, donde tienen semejantes entrepaños saturados de cajas de productos introducidos de contrabando.

Ahora bien. Sería una conclusión muy tonta señalar que solo por la existencia del contrabando no deben mejorarse las carreteras; en especial, la de la costa sur. El contrabando daña los ingresos fiscales, pero fortalece la economía nacional, pues obliga a los productores a mantener los productos con precios de la competencia e impulsa la productividad para conseguir permanecer en el mercado. Además, la mayor parte de traslados de mercancía y personas ocurre por razones de la dinámica interna, tanto económica como social.

Por lo tanto, impulsar las diferentes modalidades de transporte es un imperativo para mejorar la producción y la calidad de vida del país. La agenda para la costa sur es muy clara: 1. Terminar la carretera a medio construir hacia México; 2. Hacer una supercarretera hacia El Salvador; 3. Reanimar la vía férrea paralela al Pacífico; 4. Promover el cabotaje en la costa sur, tanto nacional como internacional; 5. Establecer un aeropuerto en Escuintla para vuelos internos y conexiones con El Salvador y Tapachula. El problema es un grupo de vivales muy poderosos, deseosos de su tajada a cambio de no sabotear el desarrollo nacional. Ya está en la cárcel el general de los corruptos, pero faltan todavía muchos más. Mientras tanto, el país aguarda un cambio.