Con nombre propio

Los dobles discursos de Trump y Morales

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

El gobierno de Donald Trump anunció el envío de tropas de su ejército a un pequeño país llamado Guatemala, con el objeto de frenar la migración de miles de guatemaltecos, salvadoreños y hondureños que buscan llegar, como lo han hecho millones, a las tierras imperiales para conseguir un mejor futuro.

La acción de envío de tropas no es una decisión única, a la vez Washington anunció la imposición unilateral de aranceles a productos mexicanos, así pretende acorralar a Andrés Manuel López Obrador, quien en una carta educada y pública insiste de nuevo que su gobierno no quiere confrontación con Estados Unidos y que la migración debe atajarse con base en consensos, por obedecer a fenómenos sociales.

Trump es respecto a los latinos despectivo para unos o racista para otros, esto es un hecho, en consecuencia el gobierno más poderoso del mundo, presidido por un personaje que ha minimizado e insultado a los latinos —como un todo—, envía tropas a un país latino y esto dibuja un panorama más complejo porque ¿a cuenta de qué un gobierno latino, como es el nuestro, acepta el envío de tropas imperiales a sus fronteras para frenar un fenómeno social, como es la migración, que tiene como causas más insignes la corrupción e impunidad, cuando Estados Unidos ha aplaudido al gobierno guatemalteco en desarticular los esfuerzos hechos contra la corrupción?

El gobierno de Donald Trump es el gran responsable de los desmanes de nuestro gobierno y de la desarticulación operativa de la Cicig por un lado, pero por el otro, lanza una lista de ciudadanos guatemaltecos tachados por corrupción, anuncia el retiro de sus visas y otros efectos, y redacta un párrafo que describe al gobierno guatemalteco como un régimen que forja estructuras para permitir impunidad, es decir, por un lado da palmadas en la espalda a dos mandatarios más que tachados, como lo son Jimmy Morales y Jafeth Cabrera y luego quiere quedar bien con su opinión pública al señalar que Estados Unidos sabe que la corrupción es uno de los factores claves para la migración hacia su territorio por parte de los centroamericanos y por ello toma acciones.

Jimmy Morales, quien días antes de la detención en Miami de Mario Estrada, un candidato presidencial muy cercano a las políticas de gobierno y quien planeaba asesinatos políticos para volver a la Guatemala de los años 80, estuvo en un almuerzo con agentes de la DEA infiltrados en el narco en Jalapa y en este contexto con una muestra de servilismo al sentir muy cerca un dedo señalándole, Morales acepta cualquier cosa y de acá parte la decisión de recibir elementos armados con lo más sofisticado del mundo para apuntar sus armas a buena cantidad de los ciudadanos centroamericanos más vulnerables —el Congreso solo está de adorno—.

El gobierno de Morales mantiene, dentro del país, un discurso nacionalista, porque hubo que aferrarse a lo único que le queda a los autoritarios, que es apelar a la confrontación y radicalizar su mensaje, pero, a la vez, se entrega sin dignidad y sin gota de sentimiento patrio a la instalación de una maquinaria bélica del ejército más poderoso del mundo en contra de la gente más indefensa del mundo, como es un migrante, que lo único que busca es una oportunidad de trabajo y desarrollo porque en su tierra la corrupción le quita la oportunidad de pan, techo, educación y desarrollo.

Morales no solo se caracteriza por presidir el gobierno más inepto y mediocre de nuestra historia reciente, también deja un legado más preciso: la pérdida de cualquier atisbo de dignidad a un gobierno como el de Trump, acusado de corrupto, racista y prepotente.