Con otra mirada

Los murales del Palacio Municipal

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Ayer, 26 de febrero, se celebró el Día del Patrimonio Cultural de la Nación, conmemorando el descubrimiento de Tikal en 1848, por Modesto Méndez y Ambrosio Tuc. Festejo al que me uno, comentando los murales del Palacio Municipal.

La Plaza Mayor de la Nueva Guatemala de La Asunción albergó los edificios de los poderes preponderantes de entonces: Iglesia al oriente, Real Palacio al poniente, Palacio Municipal al norte y Portal del Comercio al sur.

Los terremotos de 1917-18 destruyeron todo, excepto la Catedral. El Palacio Municipal, famoso por el Portal del Señor en la obra El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, fue demolido y el predio cedido al Estado, en donde se construyó el Palacio Nacional, inaugurado en 1943.

La Municipalidad estuvo sin una sede digna durante 35 años. A finales de los años 40 se pensó en un nuevo edificio. Se propuso un terreno municipal, en la afueras de la trama fundacional, al sur, en una ladera de la colina de San José de Buena Vista, que permitiría dar la relevancia y prestancia necesarias al nuevo palacio, que debía ser emblemático, como sede del gobierno de la ciudad capital. La solución fue un paralelepípedo rectangular (1954), ubicado en sentido oriente-poniente, como en la Plaza Mayor; de allí que esas fachadas sean ciegas, no así las norte y sur, tomando en consideración la declinación solar, que en nuestro país es de 8° al norte y 38° al sur.

La fachada norte es de ventanales expuestos, recibe una fresca y difusa iluminación, adecuada para las tareas administrativas que allí se llevan a cabo. La fachada sur, debido a la declinación solar indicada, recibe una candente luz en horas de la tarde, resuelta con una sucesión de parteluces que evitan la entrada directa del sol. De ese lado están los corredores de comunicación longitudinal que originalmente dieron acceso a las oficinas y que hoy, por una sobrepoblación administrativa, se convirtieron en oficinas, padeciendo altas temperaturas.

El edificio, pensado para contener obra de arte, tiene inscritos en las fachadas oriente y poniente murales de los maestros Dagoberto Vásquez (Oda a la patria, 1956) y Guillermo Grajeda Mena (La conquista, por la fuerza o por la fe, 1957), fundidos en concreto. Más allá de ese valioso aporte artístico de escala urbana, está la solución técnica de la fundición in situ. Tarea realizada mediante la preparación en moldes de madera y perfiles de hierro, del trazo en negativo, para obtener el resultado final, en positivo, según el diseño. Rodolfo Galeotti Torres, amigo de ambos artistas, aportó su experiencia con los murales de formato más pequeño para las escuelas Tipo Federación (gobierno de J.J. Arévalo). Eso sirvió de base para que Arturo Tala García, escultor graduado de la Escuela de Artes Plásticas y maestro albañil, se sumara al proceso, llegando a tener a su cargo el trabajo de carpintería, herrería y fundición de todos los murales en concreto del Centro Cívico.

En el vestíbulo, cubriendo el cubo de circulación vertical, destaca el magnífico mural en mosaico veneciano del maestro Carlos Mérida, que se eleva dos niveles. Esa obra sufrió el embate de los terremotos de 1976, cuando se produjeron algunas fisuras inevitables, pero fáciles de reparar. Sin embargo, los daños más lamentables han sido las alteraciones provocadas por la ignorancia en cuanto a su significado e importancia, utilizando la obra artística como apoyo para fijar con tarugos, marcos de puertas, tabiques, pasamanos y demás aberraciones. El proceso de conservación, entiendo, dio inicio la semana pasada.