Con otra mirada

Los osos de la tolerancia en Antigua

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

Con el lema “El arte de la tolerancia”, la berlinesa Eva Herlitz presentó su idea a Naciones Unidas para una exposición itinerante, cuyo elemento identitario es el símbolo de su ciudad natal, un oso rampante, transformado en una escultura de dos metros de alto con las extremidades delanteras alzadas sobre la cabeza. El objetivo fue promover la tolerancia y convivencia pacífica entre los pueblos, culturas y religiones. Son 144 osos y cada uno representa un país, individualizado por su pintura hecha por artistas convocados públicamente. El conjunto de obras de arte invita a experimentar un viaje alrededor del mundo.

La primera exposición fue en Berlín, en el 2002. Millones de personas la han disfrutado en 32 países de cinco continentes. A febrero pasado se recolectaron más de 2.3 millones de euros destinados a ayudar a niños necesitados, auspiciados por Unicef y organizaciones locales de ayuda infantil. Los costos de transporte, montaje, iluminación, limpieza y seguridad son aportes de donantes locales; no representa gasto alguno para la administración pública.

En Antigua Guatemala, después de un año de gestión, la solicitud fue rechazada. Quince días antes de que caducara la fecha límite programada, sus organizadores hicieron contacto con la Asociación Antigua Viva, que desde hace tres años emprendió el reto por desarrollar una agenda cultural, como resultado de recopilar planes y experiencias, problemas y soluciones producto de charlas con artistas, promotores culturales, ciudadanos, autoridades y empresarios. Es decir, la suma de inquietudes situadas en una sola propuesta de gestión. El resultado fue obtener la autorización para el uso parcial de la Plaza Mayor y la calle frente al Real Palacio.

Contrario al planteamiento original para su recorrido en círculos, en el que los osos parecen estar tomados de las manos, en la Plaza se colocaron grupos de tres o cuatro, según la traza de los jardines; en tanto en la calle se alinearon en dos filas paralelas, dejando espacios libres para su comunicación con la plaza. Dentro de las piezas decoradas destaca un único oso en cuatro patas, color plomizo, dedicado a Albert Einstein, con la leyenda “La paz no puede ser mantenida por la fuerza. Solo puede alcanzarse por el entendimiento”.

Sin entrar a considerar las sinrazones de la negativa de las autoridades locales, es importante señalar algunos aportes de Antigua Viva, como fue la promoción entre centros educativos para estimular su visita y la convocatoria al concurso de artistas locales para pintar a lo largo de una jornada, obras alusivas al tema de la Expo, con el aliciente de participar por un viaje a Berlín. Del jueves 25 de abril al domingo 12 de mayo de 2019 serán miles de visitantes, familias y turistas que la disfrutarán a lo largo de las 24 horas del día. Su impacto económico, según los entendidos en la materia, hasta ahora fue proporcionalmente superior a lo que produjo la Cuaresma y Semana Santa.

En otras palabras, ¿Hasta cuándo entenderán las autoridades que la clave para desarrollar y conservar la histórica ciudad está en la cultura como fuente de riqueza, además de identidad? Hasta ahora la ciudad sigue en manos de explotadores inmisericordes. A ese ritmo, harto sabido es que acabarán con ella.

Ejemplos contrarios son los aportes de ciudadanos organizados. Ahí está la iniciativa del Consejo Cívico de Vecinos con sus planteamientos de conservación y desarrollo; así como las acciones de Antigua Viva, promoviendo una agenda cultural en función de su calidad de patrimonio cultural de la humanidad. En ambos casos, la fórmula para su sobrevivencia.