Fundamentos
Los otros personajes del drama en Jerusalem
La historia nos recuerda las actitudes, buenas o malas, de aquellos que fueron testigos de aquel drama en Jerusalem.
Los guatemaltecos que tienen su fe centrada en el cristianismo se preparan para conmemorar esta semana la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En el calendario cristiano es una fecha que llama no solo a la reflexión sino también a la esperanza, pues estos acontecimientos constituyen la piedra angular de la fe, que es la creencia en la resurrección y la vida eterna. Los textos evangélicos son muy descriptivos en los padecimientos que sufrió nuestro Señor a manos de quienes lo juzgaron, castigaron y finalmente le dieron muerte. Pero también nos recuerda las actitudes, buenas o malas, de aquellos que fueron testigos de este drama.
En esta Semana Santa el texto evangélico nos interpela y nos cuestiona a través de los personajes de su relato.
Quisiera hacer un breve recuento de algunos de esos personajes que el evangelio nos sitúa precisamente allí. Esto, con el objeto de recordar que no es solo una narración histórica de tiempos ya pasados, sino todo lo contrario. Podemos ver en cada uno de ellos una proyección de las debilidades, flaquezas o virtudes de las personas que hoy somos y de aquellas con las que nos relacionamos. Es decir, el texto evangélico nos interpela y nos cuestiona ahora mismo a través de esos personajes.
No es difícil ver en la muchedumbre que condena a Jesús y libera a Barrabás, esas personas que amparadas en el anonimato del grupo suelen insultar, acusar y destruir reputaciones en las redes. Cuántas personas no se expresan mal de otras sin jamás llegarlas a conocer. No sabiendo el daño que hacen y cubriendo su cobardía en ese síndrome de Fuenteovejuna, tiran la piedra y luego se dan la vuelta. También aparece en la historia uno de los personajes más complejos, Poncio Pilato. Atrapado entre el dilema de su conciencia, que le indica que tiene frente así a un hombre inocente, y por otro lado su cargo político, por el que tiene que complacer a la opinión pública de turno, prefiere lavarse las manos como queriendo liberar su responsabilidad en el asunto. Cuánto de esto nos recuerda a aquellos jueces que hoy, sabiendo de la inocencia del procesado, deciden condenarlos debido a la presión de grupo o el prejuicio ideológico.
La travesía de Jesús hacia el Calvario nos exhibe dos tipos de personas. Aquellos que golpean, insultan y se burlan de quien lleva la cruz. Es decir, los que se aprovechan de la persona caída. Pero también están quienes se disponen a ayudar al afligido, como Simón de Cirene, para hacerle más llevadero su sufrimiento. ¿Somos de los que acompañan al caído o somos de quienes nos sumamos a los hostigadores, incluso con gestos insolidarios como simplemente voltear a ver a otro lado?
La última prueba está en el Gólgota. Los condenados que comparten el suplicio con Jesús tienen actitudes diferentes. El que se arrepiente, aun sabiendo que no evitará el tormento, pero salvará su alma y el que reniega y persiste en su mal obrar. Cuántos hay que sabiendo en conciencia que han actuado mal, persisten por puro orgullo. Y finalmente, la prueba suprema de amor, como el de la madre y el discípulo, que es quedarse al lado de quien expira, aun cuando todos los demás le han abandonado.
Esta Semana Santa debemos vivirla con recogimiento, pero también con penitencia y alegría. Jesús nos ha ofrecido, como hombre y salvador, su modelo de vida. Pero podemos tomar a los personajes del relato evangélico para hacer un examen personal. Identificando nuestras virtudes o debilidades, podemos poner en práctica el ofrecimiento y petición que rezamos en la oración del padrenuestro: el pedir perdón y el perdonar a quienes nos ofenden.