Aleph
Los temas “serios”
Para mí, temas como la maternidad, los derechos de las mujeres sobre sus vidas y sus cuerpos, los derechos de la niñez, adolescencia y juventudes, entre otros, son fundamentales.
La política, le economía y la religión son los temas “serios”. Será porque las constituciones, las biblias y los textos fundacionales de la economía moderna que nos norman son las leyes de los hombres y de Dios, hechas todas por hombres, a la medida de los hombres, en todas las sociedades. La “agenda editorial social” de los temas a tratar y la importancia de cada uno la ha puesto sobre la mesa principalmente una parte de nuestra sociedad global, a lo largo de la historia.
¿Cómo formamos sociedades más pacíficas si violentamos la vida desde el inicio?
Los temas “menos importantes” son otros: la maternidad, el cuidado de las niñas, los niños y los adultos mayores, la casa, la familia, todos relacionados con el mundo privado de las mujeres. Más allá de las siempre triviales generalizaciones y de que hoy, cada día, hay más zonas grises donde esos mundos fijos se desdibujan para mujeres y hombres, seguimos siendo normados, en todos los campos, por las leyes hechas por y para los hombres. Sin embargo, cuando hay crisis de diversa índole en nuestras sociedades o cuando se debaten temas como, por ejemplo, el aborto o la educación integral en sexualidad, que tienen que ver con los cuerpos de las mujeres, los líderes políticos, económicos y religiosos se meten hasta dentro de nuestras sábanas, para normarnos. Lo decía Simone de Beauvoir: “Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos nunca se dan por adquiridos”.
Beatriz Lecumberri, en su más reciente artículo en El País, sobre el nuevo código penal talibán que considera la violencia contra las mujeres como una herramienta de disciplina social y de prevención del pecado o del “vicio”, cita: “Codifica un sistema ideológico en el que el castigo, la vigilancia y la coacción son instrumentos fundamentales de gobernanza”. Según este código, dice ella, “un afgano puede pasar 15 días en la cárcel por romper el brazo a su esposa y cinco meses si maltrata a un camello”.
Para mí, temas como la maternidad, los derechos de las mujeres sobre sus vidas y sus cuerpos, los derechos de la niñez, adolescencia y juventudes, entre otros, son fundamentales. ¿Cómo levantamos una sociedad en la cual las violencias se normalizan contra mujeres, niñas y niños, adolescentes y juventudes? ¿Cómo formamos sociedades más pacíficas si violentamos la vida desde el inicio? ¿No es eso lo fundacional y realmente importante? ¿Temas como “dónde dejamos a nuestras hijas e hijos mientras (las madres) tenemos que trabajar”?
En Guatemala, por ejemplo, no se ha cumplido con lo establecido en el Código de Trabajo desde 1947. Vamos, como tantas veces, tarde. El artículo 155 obliga a empresas e instituciones estatales a tener una guardería (hoy el nombre es centro de cuidado infantil), cuando tienen más de 30 trabajadoras. Lo ideal es que haya un ente responsable en el Estado que vele por que se cumpla esa norma. Si tuviéramos centros de cuidado infantil, no necesitaríamos ni siquiera contar con una ley sobre salas de lactancia, porque esos centros ofrecerían el espacio necesario, dice Dolly López.
Ana dice: “Desde mi rol de mamá recién parida les quiero pedir que vayan a la marcha (…) hagan una consigna por mí y por todas las mamás(…) que aún no tenemos posibilidad de acceder a una guardería proporcionada por nuestro empleador, es una de las cosas que más me angustia al pasar los días y sentir que debo dejar a mi chipuste”. Quienes hemos sido madres trabajadoras, conocemos bien esa angustia. Afortunadamente, los roles comienzan a desplazarse en direcciones distintas, y cada día hay más padres cuidando de sus hijas e hijos. Pero, en mi experiencia trabajando con tantas personas, cuando el padre y la madre tienen compromisos laborales simultáneos y no encuentran con quién dejar a los hijos, generalmente es la madre la que cede y debe llevárselos a su trabajo o quedarse cuidándolos. No es un tema menor.