Si me permite

Madre, un acompañamiento único para la vida

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“El porvenir de un hijo es obra de su madre”. Napoleón

Es innegable que en nuestro medio se observan tratos y relaciones hacia las madres de lo más extremas y de lo más sorprendentes: por un extremo hay una falta de respeto y atención para con ellas, y por el otro lado el trato meloso que puede verse incluso incorrecto. La verdad es que en la conducta humana el equilibrio y el balance es lo que nos lleva a tener las relaciones más agradables y provechosas.

La relación flexible y dinámica de relación madre e hijos debe ser guiada en un principio por la misma madre, porque a medida que los hijos van creciendo son más independientes y responsables de sus actos.

Por ello mismo la dependencia y relación debe ir cambiando sin que se pierda la relación amable y respetuosa que todo hijo le debe a su madre. No podemos negar que cuando la vida comienza toda dependencia se tiene con la madre, pero cuando los años avanzan y ella está en sus años de anciana es nuestro deber velar por ella.

Es muy sorprendente que todo el trabajo que una madre dedica en la vida de sus hijos no es para que ella pueda lograr un provecho personal, sino que estará beneficiando de un modo u otro a otras personas que estarán relacionadas con sus hijos, sean estas por la amistad o por el trabajo, y también con los que uno llega a emparentarse al llegar a adulto.

Posiblemente el trabajo más delicado para una mujer cuando está criando a sus hijos es saber diferenciar la parte formativa de la parte correctiva, para que ambas sean como los rieles de un ferrocarril. En los años adultos se debe ser cuidadoso para traer honra a esa madre que nos crio.

No es nada extraño que cuando nos cruzamos con personas que tienen una conducta, sea esta de la más correcta o lo contrario, lo primero que nos preguntamos es ¿quién habrá sido la persona que lo crio y lo educó para que se porte de este modo?

La interrogante surge cuando vemos a alguien en el cementerio, ante la tumba de su madre, lamentando su partida, y nos surge la incógnita de si es por cargo de conciencia porque no se comportó como era debido y ahora está llorando, por culpabilidad o probablemente pudiera ser exactamente lo contrario, por haber vivido armoniosamente tiene la necesidad de una simple visita, y por habérsele adelantado, por lo menos viene a prestarle su respeto y cariño en su última morada y derrama lágrimas porque la extraña.

El papel que desempeña cada mujer como madre es tan único con cada familia y con cada uno de los hijos, porque no solo son diferentes, sino también porque una madre sabe el lugar y tiempo en que se está viviendo, y por ello no es lo mismo y nunca se repite un estilo de crianza.

Claro está que se pueden compartir opiniones y recomendaciones, pero habrá que analizarlas en cada caso en particular, para saber si es factible aplicarlo.

Por ello, al honrar a las madres, cada uno tendrá que hacerlo en el modo particular que considera apropiado con la suya porque la conoce y sabe de qué manera ella se podrá sentir apreciada y halagada por sus propios hijos.

Sin lugar a dudas honramos a aquellas mujeres que han dado la milla extra para poder desempeñar su papel de madres y han sacado adelante a sus hijos, los cuales son útiles, no solo a ellas, sino a toda la sociedad, y por ello están haciendo historia con sus actos y comportamiento.