A contraluz

Maduro, rehén de las bayonetas

Haroldo Shetemul @hshetemul

Cuando Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela, en 1999, no tenía idea de cómo gobernar. En ese momento apareció una figura clave: el sociólogo alemán Heinz Dieterich que impulsaba el concepto del “socialismo del siglo XXI”, el cual fue inmediatamente adoptado por el militar venezolano para dotar a su proyecto de un nombre rimbombante. Los ejes de ese modelo se basaban en la convivencia con la “burguesía” y el uso de la riqueza del petróleo, cuyo barril se cotizaba por arriba de los US$100, para impulsar programas de asistencia social. Pero las supuestas buenas intenciones se torcieron en el camino cuando Chávez se aferró al poder y se deslumbró con el enriquecimiento ilícito proveniente del oro negro. Luego sobrevino la muerte del líder, y su sucesor, Nicolás Maduro, no solo continuó el saqueo de los recursos, sino que terminó por hundir la revolución bolivariana hasta convertirla en una caricatura.

¿Cómo comprender la actual debacle? Dieterich, quien pasó de entusiasta defensor del régimen chavista a un crítico acérrimo, dice que es “pura demagogia” que Maduro hable de socialismo. En un ensayo publicado en El País y una entrevista con la BBC, afirma que en el gobierno venezolano coexisten posiciones diametralmente opuestas como el anticomunismo de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y mano derecha de Maduro. Según el sociólogo, en Venezuela existe una cleptocracia que ha llevado a la ruina a un país rico. También los califica de “talibanes ineptos e irresponsables” que no pueden garantizar el suministro de energía, detener la hiperinflación y evitar la destrucción de la economía: Requiescat in pace (descanse en paz), dice. “Está puesta la mesa para la tragedia del pueblo y el banquete del Imperio”, señala.

Dieterich asegura que el gobierno venezolano ya no tiene signos vitales, como lo demuestra que amenazara con capturar a Juan Guaidó, pero este se paseó por el país como un “Colgate boy”, cuyos hilos se manejan desde Washington, y que Maduro perdió la iniciativa frente a la “contrarrevolución gringa”. Ese hecho indica que las líneas de mando de la “camarilla madurista” están rotas y el Gobierno está reducido a una “vulgar expresión de bravucones sin autoridad moral”. Según el sociólogo, los militares le pararon la mano a Maduro y es un rehén de las bayonetas. Dice que en Venezuela solo hay dos poderes reales: EE. UU. y las Fuerzas Armadas, y que en el futuro el Gobierno es irrelevante en eventuales negociaciones entre Washington y Padrino López, ministro del Poder Popular para la Defensa. El sociólogo subraya: “Los militares no van a matar por Maduro, ni van a morir por él”. Agrega que los generales venezolanos saben que tienen que sacrificar a Maduro y Cabello porque Washington fue inteligente y ofreció una amnistía a los militares.

Estados Unidos tiene dos objetivos claros en Venezuela: echar a Maduro y hacerse del petróleo. Al respecto, el expresidente José Mujica dice que cuando un país tiene tanto petróleo, las ideas de autodeterminación y la soberanía son casi imposibles de practicar. Pero, sobre todo, a Donald Trump le interesa botar a Maduro como parte de su campaña proselitista para la reelección presidencial, así como para afianzar su poder en América Latina frente a Rusia y China. Dieterich apunta que ante ese ataque abrumador no hay salvación para Maduro. Asegura que su caída puede ocurrir cualquier día, pero lo importante es evitar una intervención militar a gran escala. Señala que el México de Manuel Andrés López juega un papel clave, al haberse distanciado del Grupo de Lima, lo cual le da solvencia como mediador en una eventual salida negociada. Lo importante, en todo caso, es evitar el derramamiento de la sangre de los venezolanos, ya suficientemente castigados por la tragedia socioeconómica en que viven.