Con otra mirada
Marruecos: una transformación que inspira
Durante estos 27 años, Marruecos ha fortalecido una convivencia ejemplar.
Una vez más he sido invitada a la celebración del 27 aniversario de la entronización de su majestad el rey Mohamed VI, y una vez más me impresiona la dedicación con que el pueblo marroquí conmemora esta fecha y la manera en que respeta a su rey. Después de haber visitado Marruecos en tres ocasiones, comprendo el profundo afecto que los marroquíes sienten por su monarca, a quien consideran el principal impulsor de la gran transformación que ha vivido este país africano, árabe y musulmán.
Marruecos será coanfitrión de la Copa Mundial de la Fifa 2030, junto con España y Portugal.
Mis lectores podrían preguntarse de qué transformación hablo. La respuesta es sencilla: durante estos 27 años, Marruecos ha fortalecido una convivencia ejemplar entre religiones, culturas y civilizaciones, convirtiendo al rey Mohamed VI en un pilar de esa visión de paz, estabilidad y desarrollo.
Resulta admirable que un país ubicado entre dos regiones tan complejas como África y Oriente Medio haya consolidado una política basada en el diálogo y la cooperación. Marruecos ha asumido un papel conciliador que hoy le otorga reconocimiento internacional. En África, el compromiso del monarca se refleja en una cooperación multifacética que prioriza el bienestar de las personas mediante proyectos en agricultura, salud, seguridad e infraestructura.
Especial mención merece la iniciativa para facilitar a los países del Sahel el acceso al océano Atlántico a través del territorio marroquí, un proyecto estratégico que ha sido ampliamente elogiado por su potencial para impulsar el desarrollo regional.
En Oriente Medio, donde los conflictos continúan amenazando la estabilidad regional, Marruecos mantiene una política de diálogo. La presidencia del Comité Al-Quds (Jerusalén) y su participación en los Acuerdos de Abraham le han permitido desempeñar un papel creíble como interlocutor en la búsqueda de soluciones pacíficas.
Durante mi última visita comprobé que la transformación del país no se limita a la política exterior. También es evidente el fortalecimiento de sus instituciones, la defensa de los derechos y libertades y una impresionante modernización de su infraestructura. Todo ello prepara al país para uno de los mayores retos de su historia reciente: ser coanfitrión de la Copa Mundial de la Fifa 2030, junto con España y Portugal.
A ello se suma la expectativa de las próximas elecciones generales, previstas para septiembre, que representan un nuevo paso en el proceso de consolidación democrática del país.
No puedo dejar de mencionar la firme defensa que Marruecos hace de su integridad territorial. En este contexto, cobra especial relevancia la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que insta a las partes involucradas en el conflicto del Sahara a continuar las negociaciones sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía.
Durante mi visita al Sahara tuve la oportunidad de constatar el desarrollo de las provincias del sur y observar cómo sus habitantes disfrutan de infraestructura y oportunidades similares a las del resto del país. Esa realidad me permitió comprender mejor por qué tantos marroquíes consideran que el proyecto impulsado por el rey Mohamed VI ha fortalecido la paz, la estabilidad y las perspectivas de desarrollo.
Tras conocer Marruecos de cerca, entiendo que la transformación que vive esta nación no ha sido fruto del azar, sino de una visión sostenida durante casi tres décadas. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que deja este aniversario: la construcción de un país moderno requiere liderazgo, continuidad y una firme apuesta por el diálogo y la convivencia. Felicidades en la Fiesta del Trono que se celebra no solo en Guatemala, sino en el resto del mundo.