Cable a tierra

Matar la vida por gusto o, peor, por dinero

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Pareciera ser que la capacidad para la insensatez en la toma de decisiones y para el abuso del erario son infinitas. Así, la última locura del emperador son los denominados “parques del bicentenario”, excusa con la que, en plena crisis económica, social, de salud y ambiental, pretenden gastarse millones de quetzales en destruir bosque y cementar áreas verdes. Tal es el caso de la irresponsable decisión que el Concejo de Quetzaltenango ha tomado, en contubernio con el gobernador departamental y el aval insensato del Ministerio de Cultura y Deportes, y de otras instancias que jamás se me hubiera ocurrido pensar que tendrían algo que ver en una decisión así.

Solo a mentes totalmente enajenadas de la realidad social y económica de la mayoría de la gente, y ávidas de dinero fácil, se les podría ocurrir destinar 25 millones de quetzales a talar parte del único bosque natural que todavía le queda a la ciudad de Quetzaltenango y sustituirlo por una plasta de cemento. Este lugar que pretenden dañar es donde se ubica el zoológico de la ciudad y constituye un espacio de recreación de bajo costo para miles de familias quetzaltecas. Es, además, el último pulmón que le queda a una ciudad cuyos cerros se están talando, quemando por falta de cuido, o bien porque se destinan a construcción sin regulación, sin tener en mente que esos cerros y sus bosques son fuentes de agua para una ciudad en pleno crecimiento y son la base para la prevención de las inundaciones anuales.

Doce años de “Mito”, cuatro de Grijalva y los cuatro que apenas empiezan del señor López tienen a la ciudad en pleno retroceso: sumergida en el caos vial, con incrementos constantes a la tarifa de la energía eléctrica, que se tienen que pagar a la luz de las velas porque la energía se va todo el tiempo; falta de agua, falta de orden, construcción desordenada y con crecientes retos en materia de seguridad. Increíblemente, el nuevo alcalde lleva un año y tres meses en el puesto y es el mismo tiempo que por lo menos dos de los ejes viales principales de la ciudad son simplemente intransitables por “reparaciones” eternas, que seguro cuestan a todos los ciudadanos una grosería del presupuesto municipal y que se pagan en tiempo, desgaste de vehículo y tensión innecesaria. Por si eso fuera poco, ahora accede a la locura de talar lo que queda del patrimonio natural de la ciudad.

No lograré entender cuál es el sentido de hacer una plasta de cemento en un lugar que, en estos momentos, aporta oxígeno y bienestar a la ciudad. ¿Por qué no se les ocurrió invertir ese dinero en mejorar las condiciones de vida de esos pobres animales y renovar de manera sostenible las áreas ya disponibles para la recreación familiar? Tanto que les gusta imitar a la ciudad de Guatemala, ¿por qué no mejorar el zoológico y convertirlo en punto focal hasta para turismo? ¿Por qué no invertir en desarrollar el corredor verde de Xela, con ciclovías y caminamientos seguros para los peatones por todo el borde del río Seco? El proyecto existe hace ratos. Perfectamente califica como un parque longitudinal que traería incontables beneficios a la ciudad. Perfectamente le puede poner “del Bicentenario”, si tanta es la gana de estamparle a la bella Xelajú el sello impune de los criollos capitalinos. A la ciudad le urge invertir en la recuperación de áreas verdes. Con esos Q25 millones podría crear núcleos verdes por toda la ciudad; miniparques verdes, que serán siempre más parques que cualquier torta de cemento que quiera fundir.

Cuando se quiere, hay formas de hacer bien las cosas en el sector público, en beneficio de la población y de manera legal y honesta. ¡Xela y su gente lo merecen!