Cable a tierra

Medicamentos: el tiempo de actuar es ahora

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Con mucha satisfacción vi que el nuevo ministro de Salud salió junto a su equipo de despacho a prestar atención médica a los migrantes que venían caminando rumbo a la frontera de Tecún Umán; un gesto humano y propio de un profesional de la salud. Llegó acompañado de la instalación de una clínica médica ambulatoria que ojalá permanezca por mucho tiempo para atender a esta población, tan vulnerada en todos sus derechos, que transita por nuestro territorio escapando de la pobreza, de la violencia y del hambre en Honduras.

Quiero reconocer este gesto humanitario del doctor Monroy. Es un buen arranque para una gestión que no será fácil, por la gama y la magnitud de los problemas acumulados en el sistema público de salud. Aún no queda totalmente clara cuál es la política que seguirá para enfrentarlos.

Un tema clave que no puede eludir es el del alto costo de los medicamentos. He escuchado también que el ministro podría tener intereses económicos en esa área, pero nada me consta. Aun siendo así, como ministro de Estado, además de declarar su potencial conflicto de interés, deberá hacerlo a un lado, designando a quienes impulse en nombre del Estado de Guatemala un proceso de diálogo con una gama amplia de actores de la sociedad, respecto de cómo buscamos entre todos los mecanismos para reducir sustantivamente los costos de los medicamentos en el país.

Han sido múltiples las voces que se han levantado a raíz del embate que personas allegadas a dicho negocio infligieron contra el ilustre doctor Román Carlos Bregni, por haberse pronunciado públicamente al respecto. Además de la indignación que esa vil acción ha despertado, está el hecho incontrovertible de que el costo de los medicamentos es, efectivamente, mucho más alto en Guatemala que en los países vecinos. Detrás de ello hay prácticas monopólicas, de colusión y de otra índole aún más opaca, que se traducen en costos más elevados para los usuarios. Así llenan los bolsillos unas cuantas empresas, en detrimento inclusive del crecimiento de la industria farmacéutica nacional.

El Colegio de Farmacéuticos, de Médicos y Cirujanos, la Asociación de Jubilados de Odontología, el Tribunal de Honor del Colegio de Estomatólogos y la Junta Directiva de dicho colegio ya se han pronunciado claramente al respecto. Así también distintos profesionales de la salud, columnistas y muchas personas que han, por diversos medios, compartido historias personales y estudios locales que documentan el impacto del alto costo de las medicinas en las posibilidades de curarse o de mantener la funcionalidad en caso de enfermedades crónicas y degenerativas.

El IGSS ya ha demostrado con su nueva política de adquisiciones vía Unops que los sobreprecios de los medicamentos no son una invención, que representan millones de quetzales que deberían destinarse a mejorar la oferta institucional de medicamentos, tanto en cantidad como en calidad. De hecho, en este momento se corre el riesgo de que se presione al IGSS para revertir esas positivas medidas que ha tomado. A este respecto, solicito al ministro de Salud impulsar este proceso dentro del MSPAS y que, junto al presidente Giammattei, apoyen incondicionalmente al IGSS; que piensen bien a quién seleccionan para dirigir tan importante institución y garanticen la continuidad de su política institucional sobre medicamentos y las otras reformas que impulsan. Que convoquen a una mesa interinstitucional que emita recomendaciones sobre las medidas que el Gobierno debería tomar en el corto y mediano plazo para lograr una efectiva rebaja de los costos de los medicamentos en el país y abrir el mercado farmacéutico a la competencia.