Cable a tierra

¡Ni falta hace cometer fraude electoral!

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Veo a mi alrededor y no percibo mayor entusiasmo por las elecciones. Una recua aquí, otra allá, agitando banderas en las rotondas y obeliscos de los centros urbanos. Ante la falta de empleo, todavía hay gente dispuesta a insolarse con tal de no perder la esperanza de que les den un su hueso cuando quede alguno de los múltiples partidos satélite que han montado para darle a la gente la idea de que puede escoger entre malo, peor y menos peor.

¡Prepárese para pasarse la Semana Santa aguantándose mítines en la playa, en las montañas y hasta en las procesiones! Es más, pásese de un mítin a otro sin pena. Quien quita que así le baja un poco la factura por las cervezas y ceviches que no estaban contemplados en su presupuesto de abril.

Mientras tanto, el presidente del Tribunal Supremo Electoral afirma que no hay ninguna posibilidad de que se dé fraude durante las elecciones. Lo dice, además, con contundencia, con la certidumbre que solo puede tener alguien que sabe que ya ni falta hace que falle la maquinaria electoral el 16 de junio, pues el arroz con tranzas se cocinó desde mucho antes, cuando aceptaron inscripciones de tránsfugas, de sujetos cuya falta de honorabilidad no puede ponerse en duda; cuando sometidos a presiones de múltiples grupos de interés dejaron fuera a la única candidata que tal vez podría haber hecho algo de mella al #PactoDeCorruptos. Y digo, tal vez, porque posiblemente ya no sabremos en esta ronda electoral si ello hubiera sido cierto o no, porque se aseguraron de dejarla fuera de la contienda antes de que esta comenzara. Así de torcido está el sistema. Se llenan la boca de fanfarrias de libertad, pero boicotean la libre competencia electoral tal y como boicotean a priori a sus competidores en el “libre mercado”. Ojo, que no se nos olvide: una economía rentista y excluyente, no puede más que generar un sistema político de igual cariz.

Por si lo anterior fuera poco, una candidata quiere ser inscrita, a pesar de la prohibición constitucional expresa. Otra apela erróneamente a la ley de femicidio, y el cartel de la toga sale en su auxilio. Se “explica” —dicen— porque vienen las elecciones para magistrados de la “Corte Suprema”. Ojalá la jueza Susana Salazar se recuerde de que el mismo día que ella consintió el mal uso de esa ley, apareció mutilado el cuerpo de una jovencita de 22 años. Que esta es la hora que no se aclara el asesinato de Cristina Siekavizza y que la alerta Isabel-Claudina se activa día a día, y cada dos por tres. Cientos, miles de mujeres son violentadas, desaparecidas y/o asesinadas por hombres cercanos en sus vidas, mientras ella y jueces como ella, retuercen el sentido de la Ley de Femicidio y violan con ello su juramento de servir a la justicia.

Hay una serie de partidos que afirman que quieren el cambio, pero tienen limitada fuerza política; cada uno lucha por su cuenta. Prefirieron ser cada uno la cabeza de un ratón antes que formar una coalición que tuviera más fuerza, cuerpo y cintura para competir contra gente que tiene el cuero duro y la maña en las garras. Peor aún, que tiene el poder institucional en sus manos. ¿Qué sacaremos? Pues ojalá experiencia, y uno que otro diputado que intentará ir a contracorriente, lo cual queda bueno para la foto, pero difícilmente cambiará el país. Nos queda otro partido más, que está pagando con la sangre de sus afiliados y líderes su legítimo derecho a la participación política organizada de los excluidos del país; de los que, aun pasando hambre, no emitirán nunca más un voto clientelar.

¡Ahhh, pero las elecciones serán transparentes!, dice el TSE. Claro, como en el 2015, ya ni falta hace cometer fraude el 16 de junio.