Aleph

No es solo organización, es estrategia

Carolina Escobar

Desde finales del 2017, “ellos” han venido montando una dictadura disfrazada de Estado de Derecho. Han hecho lobby en Washington; han puesto alfiles en puestos claves del Estado y en iglesias afines a ellos; han pagado caros asesores, estrategas y comunicadores extranjeros para diseñar y hacer cumplir la estrategia de recaptura del Estado corrupto que se había resquebrajado bajo la gestión de la Cicig, particularmente desde el 2015; han recuperado las instancias estatales que comenzaban a limpiarse de corrupción; y han reordenado la casa a la medida de su burbuja, su miopía, su corrupción, sus intereses e inversiones.

¿Quiénes son “ellos”? Las elites tradicionales que “sofocan el disenso”, como se menciona en el libro Disidencia y disciplina, de Alejandra Colom. No es toda la clase empresarial, no es toda la clase política, no son todas las iglesias, no es todo el país. Ni siquiera son todas las personas que integran esas elites, sino ciertos grupos que nos han devuelto a un periodo oscuro de nuestra historia, porque han sido puestos en jaque, pero aún cuentan con mucho poder económico, político y social. Pero ¿por qué tienen tanto poder y por qué es tan peligroso ser una persona disidente de ese orden? ¿Por qué la disidencia ha afectado tanto a los empresarios que no se alinean, que no quieren esa misma corrupción, que no quisieran pagar más mordidas a la clase política, que no ven con buenos ojos la toma de las Cortes por operadores corruptos? ¿Por qué la vida de tantas personas en Guatemala depende tanto de lo que hacen o dicen “ellos”?

“El problema aquí es que, como decimos coloquialmente, todo el mundo se casa con el primo del otro, que entonces es compadre del no sé quién, porque entonces el hijo es socio en el negocio de la otra persona y entonces la hija… Es como una maraña… Supongo que es una maraña de la clase alta donde todo el mundo para siendo conocido [o] pariente de alguien. (Participante 6).” Esto es lo que dice en el libro de Colom un participante entrevistado, de los casi 20 empresarios y periodistas disidentes o alineados con el sector privado que aportaron insumos para el libro. Pienso que ahora podríamos extender también esos convenientes maridajes a gente que no es de tal o cual clase, pero que ocupa puestos públicos y está asociada al narcotráfico, a la corrupción o al crimen organizado incrustados en nuestro debilitado Estado, y se han convertido en el capital emergente que compite ya fuertemente con el capital tradicional.

Esa metáfora de la “maraña” pide la oficiosa defensa y práctica de la institución matrimonial, aunque muchas veces solo sirva como fachada y estrategia para establecer contratos que refuerzan lo que en Disidencia y disciplina se describe como “las estrechas y complejas redes sociales, familiares y empresariales de la élite tradicional de la Ciudad de Guatemala. Independientemente del término que usaran, los participantes reconocieron que su visión de los eventos del periodo 2015-2019, los roles que desempeñaron, y las consecuencias que sufrieron o no, fueron definidas en gran parte por su lugar específico en relación con estas redes.”

Por eso, cuando hablan de que en Guatemala falta organización para salir de este hoyo negro, yo creo que más allá de eso, carecemos de una estrategia. El solo hecho de estarlo nombrando y analizando es comenzar a hacer existir lo que antes se decía en mínimos y escasos espacios privados. Ahora el “ellos” no está tan lejos de un “nosotros”, porque la corrupción ha llegado a muchas esferas, porque sabemos a qué nombres y apellidos asociar ciertos delitos, porque el silencio no será jamás de nuevo la alternativa. Y me atrevería a decir que ni siquiera fue en el 2015 que esto inició, sino en el 2013 cuando debatimos en sociedad el tema de genocidio y las máscaras comenzaron a caer. Buen libro para reflexionar sobre estos temas y tantos más.