Registro akásico

Oceanografía por el cambio climático

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

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La armada mexicana incorporó un buque para luchar contra el sargazo. Las algas aparecidas en el Caribe amenazan con afectar la vida marina. Se une a seis naves de México, dedicadas a la investigación oceanográfica. El sistema arrecifal mesoamericano ocupa una parte importante del Golfo de Honduras. Además de México, concurren Guatemala, Belice y Honduras. Nuestro país drena el 31% de las aguas superficiales al mar Caribe. Se sabe de la falta absoluta de cuidado sobre los vertidos, especialmente plásticos, que anegan la costa hondureña, por la dirección de las corrientes. Guatemala desecha el 37% y Honduras el 47% de la basura plástica, que en conjunto suma 94,831 toneladas diarias.

Los estudios marítimos están centrados en la navegación. Se estima que la cuarta parte de los barcos, 7,000 embarcaciones, arriban a las tres principales instalaciones: 1. Big Creek y Ciudad de Belice, 2. Puerto Barrios y Puerto Santo Tomás de Castilla, y 3. Puerto Cortés. Los hidrocarburos se descargan principalmente en Belice y la bahía de Tela. Evitar derrames es una prioridad en esas evaluaciones.

Otro asunto son los estudios sobre la temporada de huracanes. Además del monitoreo satelital, hay cinco boyas de investigación marítima bajo control de EUA. Fuera de eso, no hay estudios sobre pesca, arrecifes, fondo marino y mucho menos la relación de la población con el mar o economía azul. El Ciesas, institución mexicana, ha hecho estudios de antropología en la costa peninsular; pero en los otros tres países no hay trabajos de investigación semejantes.

En la oceanografía debe dejarse de lado el asunto del narcotráfico. Se trata de una materia especializada, donde es evidente que se necesitan recursos privativos, inteligencia, comunicación, informática, comando expedito y honradez. Ahora, el creciente trasiego es motivo de preocupación; por lo tanto, la participación de la Policía Nacional Civil y el Ejército de Guatemala debe tener un alto grado de coordinación.

No obstante, la responsabilidad institucional para el Ejército no se queda en la seguridad. Si se contara con mandos preocupados por la influencia del cambio climático, el bienestar de la población que vive en las costas, la defensa de la soberanía y la protección de las fronteras, tendría cuando menos una embarcación de investigación marítima. Las naves oceanográficas también son una responsabilidad de la defensa. Para el efecto, debiera integrar un consorcio universitario que aportara personal científico para completar la tripulación.

El Quetzal, buque de apoyo logístico y cabotaje recién adquirido, tuvo un coste de US$12 millones. El área de trabajo es el Pacífico, comprar otro carece de sentido. Con la décima parte del costo podría adquirirse un catamarán equipado para investigación científica marítima en el mar Caribe. Los costos de navegación no tienen comparación, pues combina vela y motor. Las salidas podrían planearse durante los meses de buen viento y buena mar, de noviembre a julio. El resto del año, a la preparación de los cruceros para recolección de datos.

El nuevo congreso tiene abierto el camino para una iniciativa de ley que desarrolle esta cuestión. La investigación científica no necesita la extravagancia, sino la acumulación de datos y la interpretación creativa. Obviamente, cada universidad por su parte puede organizar las expediciones científicas y proyectos de su agrado. No obstante, la marina de la Defensa Nacional debe estar presente en la oceanografía. No es una colaboración, sino un conocimiento estratégico del que no puede ser ajena.