Imagen es percepción

Partidos políticos de cartón

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Entre desinformación, poco más de una veintena de binomios presidenciales y nuevas normas confusas y poco comprensibles para los aspirantes, ciudadanos y medios de comunicación, hay una pregunta recurrente… ¿Por quién votar, si ninguno llena las expectativas?, todo el mundo quiere ser presidente en este país y esto ha generado una cantidad exorbitante de nuevos partidos políticos sin ideología o el resurgimiento de grupos tradicionalmente mafiosos que representan la vieja política y el reciclaje de los personajes más oscuros y nefastos del país.

Estamos tan solo a pocos días de las elecciones generales y ya muchos están imaginando lo difícil que será la compresión de una papeleta con más de 20 binomios saturándola, más parecerá un cartón de lotería de feria que una boleta electoral. Además, esta diversidad no refleja precisamente un mayor nivel de democracia, sino la decadencia del sistema político, fraccionado, con poca representatividad y falta de liderazgos reales.

Este panorama está muy bien explicado en el texto de Maurice Duverger: Partidos Políticos. Que aplicado al subrealista contexto guatemalteco luce más complejo y pesado que las expectativas de la teoría clásica. La ley de Duverger enuncia que, “a mayor solidez de un sistema de partidos políticos, menor será el número de grupos existentes”. La premisa parece tener una correlación directa con los sistemas políticos mejor establecidos en el mundo, pues tanto Europa Occidental cómo Estados Unidos se caracterizan por añejos sistemas bipartidistas.

El bipartidismo como efecto sociopolítico muestra también otros componentes, es un fenómeno de sociedades que se avejentan y, además, de partidos políticos cuyas bases están compuestas de núcleos generacionales en los cuales hijos, padres y abuelos tienen una adscripción ideológica concreta a un mismo partido. Por aquí comienza el acercamiento al caso guatemalteco, y nada de lo expuesto en la fundamental Ley de Duverger describe el caso guatemalteco.

Si hablamos de partidos políticos y caudillos, en Guatemala abundan. Aquí todos quieren ser la estrella de cine, el traidito de la película, el jefe. Nadie quiere ceder espacios a otros. Quitando “los partiditos de relleno y distractores de atención”, quedan una o dos posibilidades, no por ser buenas, obviamente, sino porque los partidos tienen bases un poco más sólidas. Sin embargo, resulta lamentable que se muestre a todas luces el sostenimiento de las estructuras caudillistas, además de ser muy serio el hecho de que no existan cuadros renovados en las estructuras de los partidos políticos.

Esperemos a que cuando arranque el proselitismo, no ocurra como siempre, es decir, sin importar lo que la ley diga, los partidos intenten hacer su propia ley. Porque si lo que se pretende es generar una estructura multi-ideológica, en general, tienen un avance bastante débil y muy parecido entre sí y en lugar de construir su esquema ideológico basado en argumentaciones racionales y de principios, aglutinan su existencia en frases torpes, construyen propuestas políticas en torno a argumentos ridículos y promesas imposibles de cumplir.

Partidos sin ideología concreta o con bases electorales que no entienden siquiera lo que es la palabra valores, veinte y tantos partidos, que al final del día devienen en una carrera de dos, partidos políticos que jamás realizan elecciones internas o debates internos, sino asambleas de partido para elegir de una sola vez a su caudillo. Tantos partidos políticos ¿para qué? si ni siquiera pueden conducir racionalmente el debate político guatemalteco.