Con otra mirada

Patrimonio cultural, celebración y conmemoración

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

La noción de preservar el patrimonio cultural deriva de los principios relativos a la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado, proclamados en las Convenciones de la Haya de 1899 y 1907, y en el Pacto de Washington del 15 de abril de 1935. Otro esfuerzo fue la creación del International Center for the Conservation and Preservation of Cultural Property (ICCROM) (1959), destinado a capacitar profesionales bajo el auspicio de Naciones Unidas, después de los daños causados a ciudades europeas durante la II Guerra Mundial. Por sus aulas hemos pasado arquitectos y científicos guatemaltecos, quienes contribuimos a la conservación de nuestro patrimonio cultural.

Con los avances de la Asamblea Nacional en 1944 en ese ámbito, ampliados por la Revolución de Octubre de ese mismo año, Guatemala creó los primeros instrumentos legales para la conservación de nuestro legado histórico. En 1998, el Acuerdo 15-98 del Congreso de la República, declaró el día 26 de febrero de cada año, Día del Patrimonio Cultural de la Nación.

En esta oportunidad, aprovechando esa celebración, quiero conmemorar a aquellos que dentro de mi generación han contribuido en esa ardua y deliciosa faena. Empiezo por José Alejandro Flores, fallecido el sábado pasado. Tres años mayor, en la entonces joven Facultad de Arquitectura de la Usac, nos dio clases de presentación, uso de la acuarela y marcadores. Atendió el curso de Conservación de Arquitectura del ICCROM en 1971, permaneciendo en el viejo continente, África y Medio Oriente durante cuatro años, en donde enriqueció su acervo cultural, y adquirió amplia experiencia en conservación de edificios de muy variados materiales de construcción. Le siguieron Rolando Bonilla, Marcelino González, Rodrigo Aparicio y Elizabeth Bell. Donald del Cid, en York, Inglaterra. Raúl Maldonado y otros que como él, estudiaron en España.

El terremoto de 1976 puso a prueba a los guatemaltecos, quienes hicieron gala de solidaridad, dedicación sin límite y capacidad personal e institucional para ayudar en donde fue necesario. Rodolfo Asturias, graduado en Monterrey y especializado en el Instituto Paul Coremans, Churubusco, México, se sumó al equipo del Consejo Protector de La Antigua Guatemala, como apoyo brindado por el Instituto Guatemalteco de Arte Colonial.

Seguidamente, cuando fui electo Conservador de la Ciudad en 1978, le llamé para reincorporarse a la institución, convirtiéndose en el artífice de los más importantes proyectos de rescate, consolidación y conservación en la histórica ciudad. Mi gestión fue un período de trabajo intenso en todos los ámbitos. Se formó e integró un equipo administrativo, de campo, técnico, científico y profesional de excelsa calidad, que permitió poner en práctica criterios y filosofía de la conservación, hasta entonces desconocidos en nuestro medio, llevados a altas cotas. La Antigua Guatemala llegó a ser ejemplo de conservación para la región centroamericana.

El próximo jueves 28 de febrero, Rodolfo presentará una conferencia ilustrada sobre el rescate, consolidación y restauración de la fachada del templo de la Compañía de Jesús y los claustros, en Casa Popenoe, a las 16 horas. Mostrará un trabajo ejemplar en el que hubo toda la gama de problemas imaginables: trabajo estructural ante la falta de partes vitales del edificio que hacía vulnerable lo subsistente; dejar suspendida la clave de la ventana del coro alto, de unas 12 toneladas de peso, en tanto se consolidaban muros de apoyo y pintura mural, todo al mismo tiempo. Demolición de edificaciones al límite del atrio, construidos para locales comerciales que impidieron conocer y apreciar la riqueza urbana y arquitectónica del conjunto.

Espero verles por acá.