Con otra mirada

Patrimonio cultural, Cuaresma y seguridad

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Dentro de la riqueza de los centros históricos, además de su traza urbana, arquitectura, historia y obra de arte contenida, está el patrimonio cultural intangible integrado por costumbres, tradiciones, gastronomía, leyendas y demás acerbos que sus pobladores transmiten de una generación a otra y que, en su conjunto, les hace diferentes.

Hay casos excepcionales cuyos valores trascienden lo local, convirtiéndose en universales, como La Antigua Guatemala, que es una ciudad histórica reconocida por Unesco e incluida en su Lista de Patrimonio Mundial. Tal distinción se origina con la Ley Protectora de 1969, que conceptualizó la necesidad de conservar la otrora Santiago de Guatemala, en su tercer asentamiento en el valle Panchoy, donde se desarrolló de 1543 a 1773.

El criterio de sus creadores fue proteger la ciudad, junto a barrios y pueblos adyacentes que fueron sede de la Capitanía General del Reino de Guatemala, territorio ajeno a la división política de la república, constituido por varios municipios; es decir, administraciones municipales autónomas. De ahí que el ente protector creado por esa ley tenga el carácter de Nacional (Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala), a fin de tener jurisdicción sobre los municipios: La Antigua Guatemala, Ciudad Vieja, Pastores y Jocotenango.

Debido a su origen religioso, Santiago de Guatemala cultivó una amplia producción artística, particularmente en la escultura tallada en madera, policromada, encarnada y estofada en oro, que sobrepasó el consumo local, exportándose a México y la actual Centroamérica. Imaginería de veneración tanto doméstica como pública, que sigue despertando admiración. Los cortejos procesionales de esas imágenes hacen de Guatemala, durante el período de la Cuaresma y Semana Santa, un destino turístico de primer orden que altera la vida y funcionamiento de sus ciudades y pueblos.

La Antigua Guatemala, por su cercanía a la ciudad de Guatemala, recibe visitantes que la hacen colapsar como entidad urbana, independientemente de si está preparada o no, a pesar de que tal actividad ocurre todos los años y que quienes llegan aumentan de manera exponencial.

Las hermandades religiosas integradas por vecinos y fieles devotos de sus imágenes son los encargados de mantener esa tradición. Para eso trabajan a lo largo del año en su preparación y organización; de ahí que los cortejos sean espectaculares. Su popularidad trae consigo la venta de comida, dulces y otros objetos; su falta de control ha hecho que la ciudad se transforme en un caótico y peligroso mercado a cielo abierto. La preparación de comida recurre al gas propano en plazas y vía pública, cuyo manejo, con absoluta irresponsabilidad, pone en inminente riesgo a la multitud que se aglomera y transita.

Otro problema igualmente grave es la falta de previsión de vías de evacuación en caso de siniestro hacia los accesos de la ciudad, así como de vías de comunicación hacia el Hospital General, ubicado en San Felipe de Jesús.

Así como las hermandades organizan los cortejos y demás actividades concomitantes con la Cuaresma, corresponde a la Municipalidad preparar planes de emergencia y hacerlos cumplir como una prioridad. Eso incluye coordinar con bomberos y cuerpos de socorro las medidas preventivas para el uso de gas propano en la vía pública, definir vías de escape en las que no haya alfombras o su disposición permita el paso de una ambulancia hacia las afueras de la ciudad o al Hospital.

Para eso, la Gobernación Departamental y el Consejo de Protección deben sumarse para garantizar la seguridad de las personas y la integridad de los monumentos, respectivamente.