Catalejo

Pinturas coloniales y su fatal destrucción

Un país como Guatemala, con un pasado importantísimo pero descuidado, debe darle al Ministerio de Cultura su verdadera importancia.

La cuidadosa y constante conservación del arte, sobre todo el perteneciente a la historia antigua, es una tarea no solo obligatoria para el Estado y las instituciones privadas, estas últimas casi siempre integradas por personas capaces de entender la importancia crucial de pinturas y esculturas, música, arquitectura, danza, poesía. Estas pertenecen al patrimonio histórico de las sociedades y su robo o destrucción es una tragedia porque aunque sean reconstruidas, el tiempo  reduce o elimina su valor o las borra para siempre. El asunto viene al caso porque las obras de los grandes pintores coloniales Francisco de Villalpando, junto con las de Tomás de Merlo, acaban de ser trasladadas del Museo de la Universidad de  San Carlos en la Antigua para llevarlos al Museo Nacional de Arte de esa ciudad. Hay mucha tela para cortar en este caso.

El arte histórico es irreparable si se destruye. La tarea de un gobierno serio debe ser cuidar las obras profesionalmente.

El traslado se realizó  por la madrugada, y las fotos hechas circular por redes sociales muestran a unos trabajadores haciendo la tarea, demostrando con claridad un trabajo clandestino. Según se conoce entre los vecinos, la razón de hacerlo fue  “una llamada anónima” al Ministerio de Cultura y una petición del actual alcalde, quien se ha agregado a la serie de al menos tres funcionarios ediles dispuestos a causarle daños al patrimonio histórico, y por aparte, el Consejo Nacional de Protección de la Antigua Guatemala, creado hace más de 25 años y declarado la autoridad mayor de la ciudad pero ahora convertido, también debido al poco conocimiento de los últimos directores, en una entidad burocrática sin mando alguno y convertida en un servidor de la alcaldía. El destino de la Ciudad de las Perpetuas Rosas es negro.

En una reunión diplomática conversé brevemente con la ministra Liwy Grazioso para informarle del riesgo de los cuadros históricos, porque debió dejarme —sin despedirse— al lugar designado para ella. Fue un jueves de este mes y su promesa personal fue buscar todo tipo de información disponible a más tardar el lunes siguiente. Todavía lo estoy esperando, seguramente no por mala fe, sino por olvido o amnesia. Ya por otra fuente había sabido de la actitud del alcalde Juan Manuel Asturias, del “partido” Cambio, cuya victoria fue de 5,900 votos y ahora su apoyo ha descendido notablemente debido a obras autorizadas de alguna manera chocantes con el estilo arquitectónico de la ciudad. Estos rumores señalan el interés del funcionario para tener su oficina en el edificio histórico de la Universidad.

Los dos artistas cuyas obras están en riesgo tienen un puesto importante en la historia de la pintura nacional y del tiempo de la colonia española.  Francisco de Villalpando  vino a Santiago de los Caballeros contratado por frailes franciscanos para pintar escenas de grandes proporciones, unos 15 metros cuadrados, de la vida de San Francisco. Por su parte, Tomás de Merlo nació en esa ciudad, donde murió de sólo 45 años, en 1739. Sus principales pinturas también son grandes y colocan a Guatemala en un lugar destacado de ese tipo de arte. Por eso y porque es un deber histórico mantenerlas con cuidados en lugares adecuados, será una tragedia cuando se pierdan para siempre.  Estos datos los obtuve un poco de mi memoria sobre el arte colonial, tema de mi agrado, y de  libros de mi biblioteca personal.

Un país como Guatemala, con un pasado importantísimo pero descuidado, debe darle al Ministerio de Cultura su verdadera importancia y utilizar fondos del enorme presupuesto nacional, desperdiciado en sueldos de funcionarios nombrados o electos, como es el caso del Congreso, repleto de gente ajena al cuidado del arte. También se malgasta en otras muchas instituciones solo buenas para pagar deudas políticas o financiar sueldos de amigos incapaces, lo cual incrementa el rechazo a todos los gobiernos, sobre todo a los presidentes, al pedirles ser mandamases y casi monarcas absolutos, lo cual se debe a la increíble idiosincrasia de la colectividad guatemalteca, como lo prueban las escogencias de candidatos de “mano dura” o “de acero inoxidable”, como fue la promesa del general Ydígoras hace decenas de años.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.