PLUMA INVITADA

¿Por qué se vilifica al empresario mientras se alaba al emprendedor?

La contienda electoral ha reavivado un viejo debate sobre el papel de los empresarios y del Gobierno ante los problemas de la sociedad. Algunos ven al Gobierno como el que puede y debe solucionar los males nacionales y lamentan la corrupción persistente. En cambio, a los empresarios los perciben como villanos acaparadores de riqueza que no aportan lo suficiente a la sociedad. Curiosamente, el emprendedor goza de una reputación mucho más positiva, admirado por su iniciativa y valor. ¿Por qué esta diferencia de percepción? ¿Acaso no aspira el emprendedor a eventualmente convertirse en empresario exitoso? ¿En qué punto lo que inicialmente es visto como valioso se convierte en objeto de crítica ante la sociedad?

' Los emprendedores son vistos con buenos ojos, porque ofrecen soluciones tangibles a problemas sociales.

Hugo Díaz

Es esencial discernir que la percepción negativa que gravita sobre algunos empresarios no surge sin razón. Esta imagen surge, en parte, de aquellos empresarios que buscan mantener privilegios en lugar de competir en un mercado verdaderamente libre. Esto se denomina mercantilismo, una práctica que dista mucho del ideal de libre mercado. Es vital no confundir ambas cosas.

Por otro lado, los emprendedores son vistos con buenos ojos porque ofrecen soluciones tangibles a problemas sociales. Su supervivencia y éxito están intrínsecamente ligados a responder a las necesidades de sus clientes. Estos pioneros requieren un entorno que fomente la libre competencia y facilite la realización de negocios. Un sistema que respalde a los emprendedores puede, de hecho, enfrentar los problemas de la sociedad con mayor eficacia que cualquier intervención gubernamental.

El profesor Clayton Christensen, en su libro La paradoja de la prosperidad, sostiene que emprendedores en mercados emergentes, como Guatemala, poseen una ventana única de oportunidad. Pueden crear valor mediante innovaciones que generen mercados donde antes no existían consumidores, simplemente porque las soluciones adecuadas eran inaccesibles.

Veamos el caso de India, donde se ha aplicado la innovación disruptiva que Christensen destaca. Las clínicas de cirugía ocular Aravind se han dedicado a proporcionar operaciones de cataratas asequibles para millones, aplicando estrategias de bajo costo sin sacrificar la calidad. Sin ir tan lejos, en Guatemala, empresas como Vana están revolucionando el sector financiero, brindando soluciones que utilizan el teléfono celular para dar préstamos a quienes antes carecían de acceso a servicios financieros.

Similarmente, en Kenia, la empresa M-KOPA ha proporcionado a más de 750,000 hogares acceso a energía solar asequible, mejorando la calidad de vida en zonas rurales.

Estas innovaciones demuestran que, con las estrategias y herramientas adecuadas, los emprendedores pueden generar soluciones de bajo costo a desafíos importantes como la salud y la energía, entre otros. Al final, es el valor genuino y el impacto lo que diferencia a un emprendedor visionario de un empresario que solo busca mantener su statu quo. En vez de vilificar, es tiempo de comprender y respaldar a aquellos que genuinamente buscan hacer la diferencia en nuestra sociedad.

En conclusión, un sistema que favorece el florecimiento de los emprendedores puede afrontar las problemáticas sociales de manera más eficiente que el Gobierno. Para esto, es crucial diferenciar entre el mercantilismo y el libre mercado, y propiciar un entorno que facilite hacer negocios sin privilegios para nadie. Al final del día, el emprendedor de hoy puede ser el empresario de mañana, lo importante es que este no olvide que su éxito depende de crear valor para la sociedad.

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