Si me permite

Prestar atención es una muestra de educación

Los que nos prestan atención son constructores de puentes en las relaciones sociales.

“Atiende siempre al que te habla; en el trato social nada hay tan productivo como la limosna de la atención”. Honoré de Balzac  

La habilidad de prestar atención es algo que se debe aprender, y cuanto más temprano en la vida se logra, es mucho mejor. Por lo mismo, cuando los padres estamos entrenando en prestar atención, debemos tomar el debido tiempo para hacerlo en los primeros años formativos, para que no solo sea mucho más funcional, sino que, si lo posponemos, se nos hará mucho más difícil   poder lograr que la persona desarrolle la atención necesaria para una convivencia sana y productiva.

En la etapa formativa de nuestra vida debemos ser instruidos y enseñados como prestar atención.

Es más que evidente en las relaciones interpersonales que cuando se me está prestando atención es una prueba de que se me está escuchando. Además, se me está aceptando en una cierta medida, lo cual implica que en ningún momento debo  abusar de la atención, porque, de lo contrario, puede llegar a perderse, por el simple hecho de haber abusado de algo que tan amablemente se me había concedido. Y es claro y lógico que cuando un beneficio como este se pierde, difícilmente se puede recuperar, no importa cuántas disculpas  podamos enumerar.

Es una conducta sabia de las personas  saber conducirse con la cortesía como parte de sus relaciones humanas,   tomar el tiempo de agradecer la atención que se ha prestado atención, entendiendo que nadie tiene la obligación de dejar lo que está haciendo y tomar el tiempo en atenderme, pero si lo hizo, no solo tiene un precio por ello, sino que debe  tener su debido reconocimiento de nuestra parte, lo cual se debe  comunicar con el debido respeto.

Una cosa que frecuentemente se descuida es que el ejercicio de prestar la atención a alguien tiene la modalidad de una doble vida. En ningún momento será lógico y correcto pedir que se me preste atención pero que al concluir no tenga la disposición de corresponder con la misma amabilidad, dando la debida atención, oyendo a la persona que supo prestarme atención, y yo también prestar atención a sus pensamientos.

Es sorprendente cómo cada uno de nosotros tenemos presente en nuestra memoria a la persona que en el momento más difícil de nuestra vida se tomó el tiempo necesario y la molestia de escucharnos, dejando a un lado lo que estaba haciendo y que de alguna manera le dio la debida importancia a lo que teníamos que decir o bien compartir.

El saber prestar atención en el colegio o en el trabajo en ningún momento puede ser algo que se imponga, a menos que sea en los años formativos, y como mayores o como autoridad lo exigimos, como parte formativa que tenemos que desarrollar. Luego de esa etapa es un proceso de las relaciones de cordialidad y amabilidad que se tendrá que manejar con el debido respeto.

Seguramente, cada uno de nosotros tenemos presentes a aquellas personas que, dejando de lado lo que estaban haciendo, estuvieron dispuestas a escuchar  lo que teníamos que decir y luego, incluso, dieron su opinión o bien el debido acompañamiento en lo que estábamos viviendo. Cuando logramos superar esa etapa, ellas siguieron su camino sin buscar mayores reconocimientos, y lo tomaron como un simple cumplimiento del deber para ese momento. Eso no solo se les reconoce, sino también debe e tener una buena medida de admiración y agradecimiento. 

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.