Cable a tierra

¿Qué hacer si el cartón de lotería trae muchas figuritas?

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

La campaña electoral arrancó este lunes 18 de marzo. Serán tres meses, que seguramente sentiremos eternos, llenos de ruido, contaminación visual, palabrerío futil y el dispendio que harán algunos partidos políticos en bagatelas o artículos de primera necesidad que se entregan a la población necesitada, con tal de tener su voto. Este año, además, multiplicado por más de dos docenas de partidos políticos que intentarán llegar a la Presidencia, Congreso, alcaldías y concejos municipales de todo el país. Las boletas electorales parecerán cartones de lotería, llenas de colores y figuritas con los que fácilmente nos podemos confundir. Para quienes decidan hacer uso de su derecho a votar, habrá que afinar bien la vista, ponerse los anteojos y marcar con cuidado.

¿Veinte y pico de “opciones” para escoger? No se abrumen, pues en realidad no hay tanto. La proliferación de partidos políticos (empresas politiqueras realmente) que estamos viendo en estas elecciones no expresa un florecimiento de la necesaria diversidad político-ideológica que debería estar presente en una supuesta democracia y que sí le obligaría a usted a pensar bien en su propia ideología antes de escoger partido por el cual votar. No sé si ya algún analista político o centro de investigación habrá hecho la tarea, pero creo que fácilmente se podría ubicar a los veintitantos partidos en contienda en algún punto del continuum entre derecha e izquierda en un eje, y entre liberalismo y conservadurismo en el otro eje del mapa cartesiano, y seguro veríamos un apiñamiento de la mayoría en uno o dos puntos —cuando mucho— del espectro ideológico, posiblemente con un par de ellos un poco separados del pelotón en uno u otro sentido.

Esto quiere decir que la contienda electoral 2019 definitivamente no trata de posicionamientos ideológicos clásicos, como algunos nos lo quieren hacer ver, sino de en qué medida la oferta electoral disponible representa o no alguna posibilidad de comenzar a salir del pantano donde nos estamos asfixiando como sociedad. Claro está, esto no implica que haya tampoco una sola forma de salir: algunos quieren el restablecimiento del orden pre-Cicig como la única alternativa que tiene Guatemala, o sea, la continuidad del narcocleptoestado. Otros más nos quieren llevar directo al mero pasado; el de antes de los acuerdos de paz, cuando no teníamos derechos ni garantías. Hay otras opciones que abogan para que el sacudón que dio la Cicig estos últimos años, con su énfasis en la lucha contra la corrupción y la captura del Estado, sean el piso mínimo desde donde avancemos para construir un futuro distinto para el país (aunque ese “distinto” no quede tan claramente definido como debiera todavía); otras más, que proponen un replanteamiento total del orden de las cosas, más allá del discurso anticorrupción y de rescate del Estado actual.

Le sugiero que durante estos tres meses haga usted el ejercicio de ubicar a los veinte y pico en esas cuatro categorías. Verá que, nuevamente, se van apiñando las opciones en una u otra. Así le será más fácil elegir por qué ya solo habrá tres o cuatro opciones, cuando mucho.

Además, recuerde que la figura del presidente y vicepresidente, o de los alcaldes, nunca van solas. El partido y sus redes ocultas terminan pesando, como con Jimmy Morales y sus secuaces, que resultaron ser más letales para el país que el propio outsider. No digamos en el caso del Congreso, donde las caras conocidas de las primeras casillas son carnada para que usted dé su voto a partidos plagados de impresentables que son luego los que se confabularán en contra nuestra para sangrar al país. Espero encuentre estos consejitos de utilidad.