Sin fronteras

¿Qué onda con las remesas y el Corona?

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Así como muchos, quise saber más sobre el impacto de la epidemia sobre las remesas que entran a Guatemala. Por ello, a principios de abril, eché a andar una ronda de llamadas a contactos de calle que tengo en EE. UU. Guatemaltecos todos. Tenderos; los que reciben remesas; pastores, en fin, personajes reales de vecindario, que tienen conocimiento de lo que sus comunidades atraviesan. Sabiendo de la heterogeneidad de todo lo estadounidense, seleccioné para esa primera ronda una lista de 8 estados, desde lo citadino de la Seattle progresista, hasta lo campestre de las granjas de Ohio. Algo que compartiera un panorama representativo. El ejercicio, que repetí en mayo, reveló conversaciones ilustrativas que matizan lo que se conversa a nivel nacional.

Lo de Nueva York, por ejemplo, fue lo que se esperaba, y temía. La plática reflejaba el ánimo de un compatriota metido en el lugar donde escogió aposentarse la mismísima célula madre del virus Corona. Al igual que los servicios no esenciales, otros negocios, como los restaurantes y tiendas, estaban todos caídos. Fácil de entender, así, por qué las remesas de abril 2020 fueron un 20.3% menores a las de abril 2019. Sin embargo, contrastante fueron las conversaciones con amigos de lugares como Alabama y Tennessee. El “remesador” en Madison, un suburbio de Nashville, comentaba que esa fue una de sus mejores semanas en remesas. Su clientela trabaja en el sector de construcción que, por alguna razón, se aceleró ese mes en esa que es una de las ciudades de mayor crecimiento urbano de todo el país.

En este espacio impulsamos que las migraciones guatemaltecas se estudien con el ingrediente que llamamos de Ciudades Espejo: el traslado masivo de un poblado guatemalteco, hacia otro estadounidense. Y que constituye la dinámica de gran parte de la migración indígena y rural, que a su vez, es la mayoritaria a nivel nacional. Actualmente, esto cobra especial relevancia, debido a que el virus no impacta a todo EE. UU. por igual. Y, por tanto, tampoco impactará a los lugares receptores en nuestro país, por igual. Así como el virus ha cerrado urbes enteras allá, hay otros lugares donde la economía continúa por distintos motivos. Desde lo político, hasta motivos más logísticos, como la continuidad de la actividad en condados dedicados a producir lo esencial y que no puede interrumpirse, como lo referente a la cadena alimenticia, donde casualmente existe gran presencia de compatriotas: lo agrícola, las carnes, huevos, y otras producciones para la alimentación.

Con larga trayectoria en la industria de remesas, el ingeniero Mario Arturo García calcula que en 2020 las remesas serán un 9% menores a las de 2019. Es decir, un decrecimiento, no una desaceleración, por primera vez desde 2009. Esto, calculado sobre las tasas de desempleo general e hispano en EE. UU., y el hecho inminente de que habrá menos nuevos migrantes pretendiendo viajar este año. Sin embargo, es indispensable agregar que ese 9% no impactaría a las comunidades de nuestro país por igual.

Surge una nueva pregunta, entonces. No solo es si decrecerán y cuánto, sino también dónde. En aquel lugar Madison, por ejemplo, donde atraviesan su mejor mes, el 80% de los chapines es de Cubulco, lugar donde puede preverse cierta prosperidad. Pero en otros, fuertemente impactados, como Fairview, Nueva Jersey, la mayoría es de San Martín Jilotepeque. En días recientes he escuchado de la iniciativa de crear un observatorio nacional de remesas. Creo que sería un aporte importante para el país. Un grupo que analice este importante impulsador de la economía nacional a un nivel más técnico y detallado. Y que empuje al Banco Central a compartir más datos sobre las remesas para su mejor aprovechamiento. En tiempos de crisis dicen que surgen oportunidades. Ojalá esta fuera una de ellas.