Si me permite

Quien me corrige muestra interés en mi persona

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

Publicado el

“Que Dios tenga en su gloria a quien nos ha señalado nuestros defectos y vicios”. Omar Ben Al Jatiah

En esta vida nos sentimos gratificados cuando alguien se toma el tiempo de halagarnos y hablar bien de nosotros, pero cuando la vivencia es de indicar las cosas que debemos cambiar o bien tener que corregir, en el primer momento el sentimiento no es de lo más agradable, sino posiblemente de incomodidad. Pero si somos sabios debemos pasar el primer sentimiento y valorar al que se tomó el tiempo para corregirnos.

Lamentablemente algo que no se puede negar y tampoco ignorar es que el modo en que se hacen posiblemente las correcciones no sean del mayor agrado, pero lo importante es que, por ser alguien que nos aprecia, se tomó la molestia y el tiempo de hacer la observación, que si la entendemos y la apropiamos, los que estaríamos ganando seríamos nosotros.

Las correcciones que nos llegan usualmente, no importando la cultura o el círculo social en el que nos desenvolvemos, son porque hay quienes se están relacionando, y como nos observan pueden ver que hay una manera mucho mejor de hacer las cosas y por ello está la llamada de atención.

Usualmente, en nuestras relaciones, en la medida que somos aceptados compartimos nuestros sueños y también describimos cuáles son las metas que queremos alcanzar. Por ello, cuando los que nos rodean escuchan nuestro planteamiento, se toman el tiempo de corregirnos para que la meta que nos trazamos sea factible y podamos evitar fracasos.

Sin lugar a duda, podemos asegurar que muchas de las valoraciones que hacemos por una u otra corrección no son siempre en el momento, sino en la evaluación retrospectiva de la vida que hemos vivido. Damos crédito de nuestros logros porque alguien se tomó el tiempo y la molestia en corregirnos y hoy estamos donde estamos. Por ello debemos darles crédito a los que invirtieron en nuestra manera de ser y no ignorar el apoyo de ellos, cayendo en una pobre autosuficiencia.

Cuando a nosotros nos toca hacer alguna observación a alguien para indicarle lo que debe corregir, es mucho más fácil ignorar todo lo que sucede y dejar que cada quien viva su propia vida a su modo, según le enseñaron, pero si nos sentimos responsables por la mejora de los que están de alguna manera compartiendo la vida con nosotros, no podemos callar. Claro está que en cada caso habrá que pensar en cuál sea la mejor manera de comunicarlo, para que el dolor sea el mínimo pero el provecho llegue al máximo.

Si bien es asunto que se podrá discutir y considerar, dependiendo de la personalidad y temperamento que cada quien tiene, la corrección tiene envuelto mucho más cariño que el simple halago y felicitación. Por ello debemos ser suficientemente humildes para poder recibir una corrección, como también que en el momento de corregir a alguien lo hagamos con mansedumbre y con la debida conciencia de que hay privacidad y se está haciendo en el modo en que habrá de ser sanamente recibido.

Mientras vivamos en sociedad, somos guardianes de nuestro prójimo, para que pueda seguir mejorando y corrigiendo lo que no es apropiado, para que en el conjunto podamos vivir y disfrutar de una sociedad digna de ser imitada por los que nos rodean. La tarea no está terminada mientras tenemos vida, y esta tarea habrá que hacerla de la mejor manera.