Con otra mirada

Racismo y discriminación racial, ¿hasta cuándo?

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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De Wikipedia, la enciclopedia libre, extraigo la siguiente definición de Racismo: “… según el diccionario de la Real Academia Española, es un sentimiento exacerbado del «sentido racial» de un grupo étnico, que habitualmente causa discriminación o persecución contra otros grupos étnicos.

La palabra designa también la doctrina antropológica o la ideología política basada en ese sentimiento. Conforme a la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 21 de diciembre de 1965, «la doctrina de la superioridad basada en diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa, y […] nada en la teoría o en la práctica permite justificar, en ninguna parte, la discriminación racial».

“El primer artículo de la convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial… define al racismo como: Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”.

De la misma fuente, “El racismo en Guatemala se define como las actitudes racistas que han ocurrido en Guatemala, principalmente contra los grupos indígenas que, a pesar de ser mayoritarios en ese país centroamericano, han quedado al margen de los avances culturales y económicos por las políticas de los gobiernos. Durante la época prehispánica existían etnias indígenas que consideraban a otras como inferiores, y luego de la conquista española se desarrolló una discriminación hacia el indígena guatemalteco, que empezó a ser llamado «indio»; no solamente los indígenas eran discriminados, sino también lo eran los mestizos por tener sangre indígena o africana, y los mismos criollos, a quienes las autoridades españolas consideraban superiores a las demás razas que poblaban el área, pero inferiores a los peninsulares por el hecho de haber nacido en el Nuevo Mundo. Por supuesto, tanto criollos como mestizos discriminaban a los indígenas, quienes quedaron relegados a encomiendas y doctrinas con escaso acceso a la educación.

“El racismo continúa presente en Guatemala; en el lenguaje coloquial guatemalteco se utilizan los términos «indio» y «negro» como despectivos para referirse a la inferioridad de las razas indígena y garífuna”.

El racismo y la discriminación racial, aunque son conceptos diferentes, son la tara que impide que nuestra nacionalidad sea una realidad; entendiendo por Nacionalidad la condición que tiene toda persona perteneciente a un Nación, por nacimiento o naturalización, y que goza de los mismos derechos y deberes políticos.

Estas lucubraciones surgen ante el actual proceso electoral en el que la participación del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), que postuló a la Presidencia a la señora Thelma Cabrera, indígena mam, sorprendió obteniendo el 4° lugar. Dentro del proceso fue electo un diputado al Congreso de la República desde donde una mayoría campesina e indígena, en ejercicio de sus deberes y derechos, ejercerá activismo político. Eso, desde luego, alarma a algunos.

Habrá quienes votaron por ella por ser indígena, por ser mujer, por una combinación de ambas razones, o porque como quien suscribe, consideró llegado el momento de que la mayoría de los connacionales tenga voz. A quienes incomoda esa participación y resultados podrían padecer el feo vicio señalado dos párrafos arriba, extremo que, por el bien de todos, vale la pena discutir.