Fuera de la caja

Realitex 500 mg

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En la columna anterior dijimos que parte de los activos intangibles de una empresa o persona es su reputación, un concepto que se ha puesto de moda, sobre todo en estos tiempos digitales, en los que a menudo escuchamos hablar de reputación “en línea”.

Pero empecemos por definir qué es realmente la reputación, que no se circunscribe únicamente al mundo virtual. Es la forma en que me veo a mí mismo y cómo me perciben quienes me rodean. Conocer esa opinión, sea propia o ajena, es sumamente importante para entender “en dónde estoy parado” y conocer en realidad quién soy.

Hacerlo nos evitará la penosa situación en la que un colega, un familiar o nuestra pareja nos recomiende una dosis de Realitex 500 mg, una medicina milagrosa que nos abre los ojos y permite vernos realmente como somos.
¿Queremos saber quiénes somos? Empecemos a ver cómo hablamos, en qué creemos, cuál es nuestra escala de valores, cómo nos percibe nuestra familia, qué hablan nuestros amigos de nosotros.

El concepto de reputación está asociado necesariamente al de prestigio. Mantener una buena reputación, tanto en el ámbito personal como en el profesional, descansa en nuestro comportamiento y en lo que hacemos, en las percepciones que vamos dejando por donde interactuamos. No se trata solamente de los atributos y cualidades positivas que tengo y que los demás perciben de mí. También es aquello que otras personas opinan de mí cuando no estoy presente.

Para construir una reputación consistente hay que ser consecuente en hechos, acciones y pensamientos, tanto en el ámbito personal como en el profesional. O como decían antes las abuelitas, no hay que ser “candil de la calle, oscuridad de la casa”.

Para más claridad, no puedo pretender señalar a políticos corruptos cuando en mi vida privada busco la manera de pagar menos impuestos u ofrezco “mordida” al agente policial con tal de evitar una multa.
Debemos aprender a ser nosotros mismos. No inventemos un personaje que aparente cualidades que queremos que la gente crea que tenemos. Ese es un error que se comete a diario en las redes sociales. La clave está en ser genuino y sincero.

Cuando dejamos de ser nosotros, perdemos nuestra esencia. Lo mismo pasa con las empresas. Para que los clientes crean en ella, deben reflejar a la opinión pública lo que en realidad son.

La reputación está construida de espíritu, constancia, mensaje y contenido, habilidades que nos hacen especiales, que se reflejan en el liderazgo y la generosidad.

Cuando hago genuinamente el ejercicio de escucharme y escuchar lo que los demás opinan de mí, habré descubierto mi yo real, punto de partida para aceptarme y potencializarme.

Ese mejoramiento personal o empresarial debe descansar en cuatro pilares: definición, valores, planificación y construcción. Necesitamos trabajar desde el interior para fortalecernos y proyectar nuestra mejor versión para poder diferenciarnos de nuestros competidores.

Daniel Colombo, master coach internacional, que trabaja con ejecutivos de alta gerencia, asegura: “Todo lo que piensas, lo que dices y lo que haces debe estar en concordancia, para tener una buena base en la que descanse tu reputación”.

* Gerente general
Punto 3, Relaciones Públicas