Sin fronteras

Redadas y ciudades espejo

Pedro Pablo Solares@pepsol

Por alguna razón, cada vez que en Estados Unidos existe una redada de ICE en lugares de trabajo, la población guatemalteca es la más afectada. Piense en tres casos paradigmáticos de este tipo de operaciones: Postville, Iowa, 2008; Morristown, Tennessee, 2018; y el más reciente, el de seis pequeños pueblos en el corazón del estado de Misisipi, el mes pasado. Aunque separados en tiempo y distancia, los tres casos reúnen coincidencias que quizá no lo sean: todas se efectuaron en plantas de trabajo relacionadas con la industria de carne, ya fueran rastros, procesadoras o empacadoras, de res o de pollo. Los tres casos, también, se efectuaron en pueblitos rurales, y no en grandes ciudades como Miami, Atlanta o Houston. Y la tercera coincidencia, de graves consecuencias, es que en todas la mayoría de los arrestados fueron trabajadores guatemaltecos. Y al decir guatemaltecos es preciso indicar que cuando cae uno de estos pueblitos en EE. UU., el impacto hace tambalear a una o varias comunidades específicas en Guatemala.

Ya en anteriores ocasiones he expuesto cómo los fuertes lazos sociales de ciertos pueblos indígenas y sus relaciones lingüísticas provocan que gran parte de la migración guatemalteca esté entrelazada en lo que llamo ciudades espejo. En mi punto de vista, este es un fenómeno que marca clara diferencia en la forma cómo emigra la mayoría de nuestros connacionales, respecto de los de otros países cercanos, como México, Honduras o El Salvador. Y es que si un hispanoparlante decide ir hacia el norte, podría escoger cualquier ciudad donde haya comunidad hispana, que hoy en día, es casi cualquier urbe estadounidense. Sin embargo, si el idioma chuj, por ejemplo, es el propio, el número de opciones se reduce a seis o siete lugares en todo aquel país, que casi siempre será uno de estos pueblos rurales esparcidos en estados usualmente conservadores. La industria de la carne ha influido en que esto sea así, atrayendo de manera deliberada mano de obra guatemalteca desde finales del siglo pasado. En el caso de carne de res, con fuerte presencia en el corredor del centro, que va desde Texas hasta Nebraska y Iowa, pasando por Oklahoma y Kansas. Y en el de la industria avícola que está focalizada en el sur y el este, estados como Alabama, Misisipi, las Carolinas, Virginia, Ohio o Delaware.

Para ilustrar el fenómeno de las ciudades espejo puedo dar tres ejemplos. En la redada de Postville se afectó la comunidad de San José Calderas. En la redada de Morristown en 2018, lugar que conozco personalmente, se afectó una enorme comunidad de San Sebastián Coatán, Huehuetenango. Un tercer caso fueron las redadas en Misisipi, en donde se afectó Comitancillo, San Marcos, de manera especial.

En la última semana el secretario interino del Departamento de Seguridad Interna (DHS, en inglés), Kevin McAleenan, anunció nuevas redadas masivas en camino. Mientras que estas medidas afectan directamente a los inmigrantes más vulnerables, que no tienen documentación ni recursos para cubrir sus costos legales, es importante comprender el impacto que también se hará en las comunidades espejo en nuestro país como lo ilustré anteriormente. Mientras Trump busca la reelección en Estados Unidos es de esperar medidas drásticas antimigratorias. En el caso de las redadas, el impacto mediático es muy alto en zonas rurales de Estados Unidos en donde existen enormes concentraciones de poblados guatemaltecos.

Esperando estar equivocado, de cumplirse lo anunciado por DHS para aumentar el apoyo electoral a favor de la candidatura oficial de EE. UU., es necesario estar atentos a cómo estas redadas serán focalizadas en áreas rurales en donde existen enormes cantidades de comunidades guatemaltecas, pero además debemos también poner el ojo sobre el impacto que tendrá en la economía local de su comunidad espejo.