Aleph

Reimaginar la nueva Guatemala

Carolina Escobar

Guatemala es un leproso que se cae a pedazos. Aunque algunos optimistas incurables sostengamos, a fuerza de pequeños gestos, la posibilidad del cambio a largo plazo, la realidad nos estalla en la cara cada día, como los interminables cohetes y fuegos artificiales de fin de año. La historia, con sus recurrentes ciclos, nos recuerda que quizás algún día salgamos del noveno círculo del infierno dantesco en el que nos encontramos. Por ahora, toca seguir de permanentes apagafuegos ante la amenaza constante de un infierno aún mayor.

Por eso aquí, “hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”, como dijo alguna vez Ray Bradbury. Sin embargo, sabemos que vestir esto de recetas facilonas como la actitud y los sueños, queda para un pequeñísimo porcentaje de la población que vive entre burbujas, comodidades o negaciones. La actitud, como solución, no termina de convencer a la gente de los asentamientos urbano marginales, como tampoco le hacen sentido los sueños a las familias desnutridas del corredor seco. Y es que, pocos pensamientos positivos florecen entre la sangre, la ignorancia y la miseria.

No necesitamos recordar que dos tercios de la población viven en situación de pobreza y que uno de cada dos pequeños menores de cinco años, padece desnutrición. Tampoco la normalización de la violencia sexual en cuerpos de niñas y adolescentes, la ignorancia sostenida por siglos, o la masa acrítica que termina siendo cómplice al elegir a sus representantes en el poder. Menos, quisiéramos recordar la corrupción pactada, madre de todos nuestros males.

Hoy quiero reimaginar Guatemala, lo que pasa necesariamente por reimaginarme a mí misma, desde el lugar que me toca. Reimaginar una nueva Guatemala significa reconocer de frente y sin mucho artificio, al leproso que somos. Un leproso con hambre, en pandemia, sin salud, sin memoria o aparente historia y en completo abandono. Un leproso al que los corruptos le siguen arrancando los pedazos de carne buena, cuando de defender sus particulares intereses se trata. Un leproso por el que muchos rezan, pero por el que pocos apuestan.

La nueva y reimaginada Guatemala pide un renovado pacto social, con la participación plena de los cuatro pueblos que nos conforman. ¿Retomamos los Acuerdos de paz o generamos nuevas Consultas Populares? Pide también cero tolerancia a la corrupción, a la impunidad, al hambre, a las violencias contra las niñas, los niños, las mujeres, y las personas de la diversidad sexual, entre otras; pide cero tolerancia a la miseria, a la desnutrición y a la ignorancia. Pide una justicia independiente y otra clase política muy distinta a la de hoy. Pide menos fariseos rezando y robando en los tres poderes del Estado y más funcionarios públicos haciendo el trabajo por el cual se les paga.

Esa nueva Guatemala no llegará junta, pero podemos ir sanando los pedazos del leproso. Reformar el Sistema Educativo profundamente, así como el Sistema Electoral y de Partidos Políticos, sería como devolverle la cabeza y los brazos al cuerpo que hoy se cae a pedazos. Depurar los tres poderes del Estado, sobre todo el Congreso de la República, es esencial para la gobernabilidad democrática que demandamos y sería como limpiar las entrañas del cuerpo enfermo. Esto precisa de un Servicio Civil diferente, un MP fuerte en investigación criminal y jugando del lado de la transparencia, y un Sistema Judicial independiente, que sería como devolverle las piernas a este cuerpo paralizado. Por ahora, la corrupción y las mafias siguen bombeando artificialmente la sangre de este cuerpo leproso y quieren, el 4 de enero, capturar también la Corte de Constitucionalidad poniendo allí a sus fieles operadores. Pero 2021 nos da otra oportunidad de reimaginar y actuar. Ojalá.