Sin fronteras

Remesas 2020, versus Don Corona

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Lo que hace pocas semanas nadie anticipó, está sucediendo. Lo inimaginable ha sorprendido en las oficinas que participan en el movimiento internacional de remesas. Quienes trabajan en esa cadena lo están percibiendo día tras día desde hace 4 semanas. Ellos, que tienen el pulso milimétrico de lo que se está formando, están anunciando desde ya una caída en las remesas que podría no tener precedente. En contexto: Desde 1995, únicamente en 2009 el Banco de Guatemala reportó menos remesas ingresadas que el año anterior. Y ese año fue consecuencia de la infame burbuja inmobiliaria que le explotó a los “Míster Americans”. Pero aparte de ese aislado hipo, todos los años –desde 1995— habíamos recibido crecimientos sostenidos en el flujo de dinero de migrantes hacia Guatemala. Esto, aún más fuerte desde 2015, desde cuando el país empezó a recibir un incremento de un millardo anual, respecto de cada año anterior. La industria de mayor y más sólido crecimiento del país, sin duda. Un país mimado en ese sentido. Eso hasta este mes. Reportes diarios que han fluctuado entre un 30% y un 50% menos del envío de remesas que lo esperado. Dos cosas han surgido a partir de ello. La preocupación, obviamente, y las teorías para explicar la caída.

La explicación obvia es la caída del trabajo en EE. UU. que ha llegado a un récord sin precedente. En especial en los Estados más afectados, que coincidentemente son algunos de los más poblados, y donde además viven muchos de nuestros connacionales. Estos Estados están tomando cuarentenas y los trabajadores ya no pueden trabajar. Allá, el grueso de migrantes guatemaltecos gana por hora o por día. Día no laborado, es día no pagado. Sin prestaciones. Se cierra entonces la explicación obvia a la caída de remesas. Sin embargo, espulgando el problema, me tomé tarea de medir con contactos que tengo en una variedad de Estados, para tomar pulso de diferentes ambientes. Lo dicho arriba aplicó a los connacionales con quienes hablé en Nueva York y California. Y también en Delaware. Estos últimos porque algunos trabajan en los negocios de playa, en la industria de turismo. Sin embargo, en ciertas comunidades donde encontramos una migración más rural, más indígena, más aislada, el desempleo no era el caso. En Tennessee, en Alabama, Oklahoma, y Carolina del Norte, sonaba un cierto optimismo. Inmediatamente pensé que esos son Estados rojos (republicanos) y que los gobernadores quizás no estaban acatando las medidas con severidad. Sin embargo, los comunitarios comentan que la industria de alimentos y todo lo que está relacionado con ella, aumentó demanda de trabajo. La industria de pollo, la de carne, y la agricultura, en particular, donde trabajan enormes cantidades de guatemaltecos, ahora en la crisis tendrán más ingresos.

La caída de las remesas es inminente. Pero la explicación no radica únicamente en la cantidad de empleo. También, hay comportamientos humanos que están influyendo. Decisiones que los migrantes, en esta incertidumbre, tienen que tomar. Antes, con la garantía del trabajo futuro, enviaban todo lo que tenían a Guatemala. Ahora, sin esa certeza, guardarán un poco (o bastante) para garantizar liquidez donde viven. Habrá quienes le dirán a sus parientes en Guatemala que en lugar de recibir remesa, este mes tomen de los ahorros acumulados. El consumo no necesariamente caerá en la misma proporción de las remesas. Todo esto deberá ser entendido no solo en lo económico, sino además en lo social, en la psicología colectiva, en lo antropológico. Quienes trabajan en esa cadena pronostican una caída de remesas no menor a un 30%. Pero tomando en cuenta que este año esperábamos un 10% de aumento respecto de 2019, y que enero y febrero fueron altos, el golpe final dependerá de cuánto tiempo dure esta crisis. Que Dios nos ampare.