Al grano

¿Se ha derrumbado el viejo orden internacional?

El orden internacional surgido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial era muy defectuoso. ¿Qué pudiera reemplazarlo que sea mejor?

Hace unos días circuló un video en el que un supuesto gurú de la geopolítica explicaba a su entrevistador, en un programa transmitido por un podcast, que el viejo orden internacional finalmente se había derrumbado. En su opinión, el presidente Trump ha reconocido esa realidad y ha tomado decisiones, en cierto modo, edificando, paso a paso, un nuevo orden internacional. Hace cosa de un mes circuló un discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, con un enfoque un tanto diferente. Sin apuntar dedos, tampoco aceptó la tesis de que el viejo orden internacional “se” derrumbó. En su opinión, hay determinadas personas y grupos que lo están debilitando con sus acciones, en algunos casos, deliberadamente.

¿En qué situación quedan países chicos y débiles como Guatemala? ¿Quién va a decidirlo? ¿Y cómo?

He leído comentarios en las redes sociales de algunos que se alegran, digamos, de que se desmantele a la Organización de las Naciones Unidas que, en su opinión, personifica al socialismo internacional y, no solamente es refugio para tecnócratas de izquierda, sino que promueve programas, políticas, convenciones y mecanismos internacionales que propagan el socialismo por el mundo y, todo ello, respaldado por una serie de tecnócratas de múltiples gobiernos que coinciden ideológicamente con todo eso.

Otro grupo de comentaristas se rasga las vestiduras y se lamenta de cómo se avanza ciegamente hacia la destrucción de un orden internacional que, como dijo en su discurso el primer ministro Carney, ni era perfecto ni pretendía ser visto así. Pero, de acuerdo con este grupo, era un orden internacional en el cual, por regla general, los peces grandes no se animaban a comerse a los chicos así por así. Un orden en el que, a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, muchos regímenes autoritarios alrededor del mundo, por lo menos, se vieron obligados a guardar las apariencias. En fin, un orden que dio cabida al crecimiento del comercio internacional, a que se movilizaran recursos de todo tipo de una esquina a otra del planeta y a que se pudieran condenar ciertos excesos y abusos de regímenes que tuvieron que enfrentar sanciones y hasta el riesgo de expulsión del “club de las Naciones Unidas”.

Pienso que es normal que haya todas esas opiniones y muchas más, e ignoro si, realmente, el entrevistado llevaba razón. Pero, miro a Guatemala, a Centroamérica y otras regiones del mundo tan vulnerables a tantos riesgos internos y externos, y me pregunto: ¿Y ahora qué?

Es probable que, en ausencia de un orden internacional más o menos definido, transitemos a una situación en la que cada Estado deba negociar sus relaciones con los demás y, al paso que crezca cualquier tipo de dependencia respecto de los demás, aumentan las vulnerabilidades propias, puesto que, aunque imperfectas, no hay reglas ni instituciones internacionales que marquen límites.

Es verdad, como comentó el entrevistado, que el derecho internacional público carece de coercibilidad. Salvo raros casos, como los de las sanciones internacionales adoptadas bajo órganos como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no hay mecanismos ordinarios para obligar a los Estados a que cumplan con sus obligaciones internacionales. Pero eso no significa que las normas del derecho internacional público no tengan peso o que su violación ocurra sin consecuencias. Empero, la cuestión que debe interesarnos comprender a profundidad es, en ausencia del orden que emana de esos tratados e instituciones, ¿qué queda entonces para un pequeño país como Guatemala? ¿Convertirse en Estado vasallo de otro u otros con suficiente fuerza? ¿A qué costo y en qué términos?

ESCRITO POR:

Eduardo Mayora

Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona y por la UFM; LLM por la Georgetown University. Abogado. Ha sido profesor universitario en Guatemala y en el extranjero, y periodista de opinión.

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