catalejo
Separación en el istmo sobre la nueva Venezuela
La peor decisión guatemalteca sería actuar con irreflexión al presentar frentes basados en criterios ideológicos.
Nicolás Maduro cayó porque su arrogancia le hizo no atender las advertencias de Rusia, China, e incluso el Vaticano, de la inminente acción militar estadounidense, la cual era en realidad un secreto a voces debido a la abrumadora presencia militar en las cercanías de Venezuela. El hecho consumado puede ser visto ya sea como un rechazo tanto al dictador causante de la gravísima situación del país, de los presos y asesinatos políticos, de la relación de países no- o anti- democráticos y comunistas, como Cuba y Nicaragua, como también al rompimiento del orden legal internacional e incluso interno de un Estados Unidos dirigido por Donald Trump, a mi criterio cerca de una monarquía absoluta aunque con una oposición creciente, pero no por ello exitosa.
El istmo centroamericano carece de unidad de criterio acerca del recientemente iniciado régimen madurista sin Maduro.
En Centroamérica la situación está dividida. A favor de este nuevo statu quo, es decir a como está la realidad en este momento, se encuentra El Salvador, cuyo mandatario es populista autoritario de derecha, y Panamá, aunque este se define como de centro derecha, y pronto se unirá Honduras, con Nery Asfura, alineado con Washington. Nicaragua abraza el comunismo y Guatemala tiene en Bernardo Arévalo a alguien autoproclamado progresista social. Esas marcadas diferencias explican la posibilidad de una acción directa en Nicaragua y el riesgo de una limitada en nuestro país, gracias a colaboración para mejorar los puertos y combatir en creciente aumento del narcotráfico. En cierto sentido, la posición más problemática la tenemos los guatemaltecos.
Esto se debe a la polarización ideológica interna y la tajante separación entre derecha e izquierda, sin tomar en cuenta el factor común de la corrupción presente en todos los gobiernos y en todos los representantes de ambas posiciones. A causa de ello el apoyo estadounidense, conveniente también para Washington por razones geográficas, está en riesgo de participaciones castrenses similares a las de Venezuela. Por conveniencia, Guatemala debe cerrar filas con Estados Unidos, pero sin olvidar su apoyo al respeto al sistema jurídico-político democrático y a la obligación estadounidense de comenzar la lucha interna contra el narcotráfico y su ampliación con solo la simple y fácil ilegalización del ingreso, venta, consumo, cultivo y traslado de estupefacientes.
La peor decisión guatemalteca sería actuar con irreflexión al presentar frentes basados en criterios ideológicos de hecho disminuidos y vencidos por los hechos. Se debe aceptar la realidad aunque sea molesta, lo cual no implica necesariamente una rendición, porque las ideologías no son cien por ciento correctas, convenientes ni cien por ciento incorrectas e inconvenientes. No sirve la lucha sino la confrontación, cuyo significado no es una batalla mortal o una guerra —donde el objetivo es aniquilar—, sino una comparación en búsqueda de un acuerdo o de un desacuerdo parcial entre dos o más partes. Lograr esto requiere capacidad, algún nivel de astucia y defensa inteligente de los legítimos intereses de cada uno. Esto es correcto y beneficioso para todos.
La sagacidad mencionada incluye convencer a la otra parte de los beneficios de eliminar el ego, por ejemplo, porque este provoca a corto o largo plazo consecuencias imposibles de retroceder. Maduro, por ejemplo, pasará largos años antes de ser sometido a juicio. La exagerada confianza trumpista en entregarle el mando a quienes manejaban a Venezuela durante el madurato, pronto demostrara su error, aunque en este momento se vea como un triunfo. El mundo cambió, no se sabe si para bien o para mal, según quien lo juzga, y lo hizo súbita y repentinamente. La adaptación a la nueva realidad es imposible de evitar, aunque el desagrado haya abierto la incertidumbre y la angustia por temas como el papel otorgado a cada actor.