Si me permite
Si nos comprenden, nos sentiremos gratificados
Una vez que llegamos a ser comprendidos, debemos ser agradecidos y saberlo expresar.
“Comprender a alguien es un primer paso; vivir, el segundo”. Víctor-Marie Hugo
En nuestras relaciones con las personas que nos rodean es frecuente el preguntar: “¿Me comprendes?”, cuando lo prudente del cuestionamiento debería ser si yo me doy a comprender, entendiendo que la primordial responsabilidad no es que otros deban tener claro de lo que estoy hablando, sino que es responsabilidad de uno estructurar sus ideas y saberlas formular de tal manera que sean fáciles de entender.
La auténtica comprensión estará sujeta a procesos y capacidades, las cuales no deben darse por sentadas.
Seguramente, en nuestros años formativos, nuestros mayores en algún momento nos llamaron la atención y nos instruyeron sobre lo importante que era primero pensar bien lo que habríamos de decir y luego, cuando tuviéramos todo estructurado, tomar la palabra y comunicar lo que teníamos en mente.
Esa instrucción es de los principios básicos para lograr una buena comunicación y aseguraros de que nos están prestando la debida atención que es lo que queremos.
Es fácil observar cómo algunos tienen una magnífica facilidad para comunicar sus pensamientos y, por ello, viven con la máxima gratificación de que se les escucha y se les concede la atención debida en todo lo que tienen para comunicar, pero, en otros, eso no es algo que se tiene.
Antes de frustrarse, o bien, aislarse, es importante buscar la manera en que, con la ayuda de los suyos, no solo se supere la limitación sino se establezca un ideal de poder llegar a ser un buen comunicador, porque no solo somos comprendidos, sino que en más de una ocasión se nos pide que participemos y compartamos nuestros puntos de vista.
Es tarea de nuestros mayores o aquellos que están conviviendo con nostros el tomar el debido tiempo y suficiente interés cuando nos están criando, para que nos encaminen paso a paso a llegar a ser personas comprendidas, porque sabemos el modo con el cual debemos hacerlo para que se nos escuche con interés y atención en los momentos en los cuales estamos participando.
Es fundamental agradecer a aquellos que en algún momento nos hacen alguna observación y nos orientan para que seamos personas que nos damos a comprender, al saber las reglas básicas no solo de la comunicación, sino también la modalidad de saber estructurar nuestras ideas y desarrollarlas del modo más funcional, tomando en cuenta que no todos tienen la misma habilidad y capacidad de expresión.
Con ese entendimiento, habremos de ordenar nuestras ideas y conceptos para que, al final del diálogo, cosechemos la mirada de comprensión y los objetivos que conlleva cada conversación.
Es innegable, con la proliferación de la tecnología y los instrumentos que usamos para mantenernos comunicados, que podemos llegar a desarrollar una modalidad demasiado técnica de compartir un mensaje, al punto de que, cuando estamos conviviendo con los nuestros, tal vez no nos damos cuenta de que aun en la conversación manejamos criterios de intercambiar mensajes y no una conversación que enriquece las relaciones y también la convivencia.
Es prudente tomar el tiempo de escucharnos a nosotros mismos con una mentalidad crítica, la cual, lejos de llevarnos a un lamentable conformismo, nos impulsará a ser cada día mejores en la comunicación, y por ello, sin duda, la gente buscará estar con nosotros, simplemente porque nos comprenden y les enriquece lo que tenemos para compartir.