Catalejo

Sócrates creó la democracia pero al analizarla la criticó

La naufragante democracia de hoy, para ser salvada necesita la aplicación de las ideas de su fundador, Sócrates.

La crisis generalizada en casi todos los países donde se aplica la democracia cada vez va cediendo más espacio al autoritarismo, obliga a analizar sus orígenes y a conocer las ideas de los grandes pensadores griegos, quienes dictaron razones para rechazarla. El caso más claro es Sócrates, el padre de la Filosofía, quien fue democráticamente condenado a muerte por un jurado de cien ciudadanos comunes y corrientes, acusándolo de corruptor de la juventud. Por 52 votos a favor y 48 en contra, debió escoger entre el exilio o beber la venenosa planta cicuta. Desde entonces, hace unos 2,500 años, la democracia había sido criticada, pero hoy en día se deben conocer y readaptar en este siglo XXI sus ideas sobre el buen gobierno presentes en el libro La República.


De Sócrates se deduce: la democracia sin educación, muere al depender demasiado de esta y de la configuración de la sociedad; confía demasiado en la politiquería y abre la puerta a charlatanes sin sabiduría, ricos o pobres, convencidos en creer lo correcto y ser libres, pero sin valores centrados en alguna teoría ética y en su aplicación moral. Cree en la ciencia sin tomar en cuenta el elemento básico de los valores humanos centrados en lo correcto y su aplicación. Ve al voto como un derecho sin condiciones, no como un premio al esfuerzo, y por eso tal idea puede ser víctima de los demagogos, seres engañadores con mentiras y falacias, estas últimas frases incorrectas con apariencia de verdad. De allí surgen los motivos para lograr su rescate.


Este fundamental filósofo se dio cuenta del riesgo de destruir la democracia con la nefasta corrupción, cuando la descubrió en su tiempo. La definió como una degeneración del alma humana, con el hecho mismo de aceptar un cargo para el cual el gobernante no está preparado por su ignorancia, ansia de beneficio o poder personales. Su solución descansa en la educación para la virtud, es decir el deseo de actuar bien y con buena intención para alcanzar con las acciones propias la plenitud personal y ayudar al orden social. Suenan idealistas, por serlo, pero necesitan regresar ahora a causa de los males provocados por las ideas contrarias y contradictorias. En pocas palabras, la vida actual sin frenos ni limitaciones de ninguna especie resulta profundamente peor.

Este fundamental filósofo se dio cuenta del riesgo de destruir la democracia con la nefasta corrupción, cuando la descubrió en su tiempo.


Platón se refirió y definió a otro vicio participante en la democracia desde su tiempo: las falacias, criterios o frases convincentes, inválidas e ilógicas, pero aceptables para las multitudes al instarlas a escuchar, no analizar. Una de ellas es considerar a cualquiera con el mismo nivel de validez en sus criterios, sin excepción ni condiciones previas, lo cual además es irresponsable, irreflexivo e irracional en lo político y electoral. Para Sócrates solo tienen el derecho de votar quienes se han preparado para conocer los problemas de la comunidad y es corrupto regalar transporte, repartir comida, gorras, camisetas, como vía para llegar al engaño de quienes confían, por ignorancia o interés personal. Por eso debilita y destruye las libertades básicas.


La democracia, por haber sufrido tanto abuso causante de males derivados de la violación a sus verdaderos fines, para no ser derrotada por el autoritarismo necesita un análisis crítico previo a los cambios relacionados sobre todo con la libertad individual, ahora desbordada, así como áreas de acción y condiciones. Entre ellos, eliminarle adjetivos (Popular, Bolivariana, Islámica, Liberal, etc), así como definirla en sus fines. Debe estar preparada para aceptar miembros de cualquier diferencia social, religiosa, económica. Es irónico, pero para salvarla urgen algunos cambios y reducciones de la libertad individual, valiosa y necesaria cuando tiene límites y castigos serios contra quienes rompen las normas. Como puede verse, son necesidades milenarias.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.