Cable a tierra

Surgimiento y declive de la clase media

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Este es el título de un informe que acaba de publicar el Banco Mundial, revisando la experiencia de Latino América y el Caribe, donde la clase media había logrado expandirse en casi todos los países de la región (menos Guatemala) durante las últimas dos décadas, hecho que sucedió a costa de la reducción de la pobreza en la región, lo cual es un mérito extraordinario. En buena medida fue producto de gobiernos que promovieron la expansión de una combinación de políticas sociales, políticas de protección social y políticas de crecimiento económico un poco más incluyentes. Como resultado de ese proceso, el Banco Mundial estimó que al año 2019, el 38% de los 230 millones de latinoamericanos podían considerarse como personas de clase media.

Si bien esta tendencia venía enlenteciendo su rimo desde el año 2014, las estimaciones del Banco Mundial apuntan a que, solo en 2020, esta cifra retrocedió a 37.3%; es decir, un descenso neto de casi 5 millones de personas en este grupo socio-económico en un solo año. Añado yo, que este fenómeno también es producto de que las políticas de compensación o de mitigación de la afectación social provocada por la pandemia, que fueron implementadas por los gobiernos, fueron insuficientes.

Se señala también en ese informe que la desigualdad estructural de las economías latinoamericanas, ha hecho de la experiencia económica con la pandemia algo también sumamente desigual, y con repercusiones de mediano y largo plazo para la recuperación económica; hecho que sufrirá con mayor intensidad la población en la informalidad y la amplia base de micro y pequeñas empresas. A ello se sumó la pérdida de empleos formales. Añado yo que la debilidad de los sistemas públicos de salud, obligaron a la clase media a redireccionar recursos para subsistir y a cubrir gastos de salud, No sorprende, entonces, este agudo deslizamiento de la clase media hacia la precariedad. Lamentablemente, el Informe no menciona qué sectores y actores de las economías latinoamericanas han resultado ganadores durante la pandemia, porque seguro que también los hay.

En el caso de Guatemala, no solo no se dio el fenómeno de crecimiento de la clase media durante los últimos 20 años, sino que, en la actualidad, los que nos hemos considerado de “clase media” cada día enfrentamos más y más desafíos para mantener un mínimo de condiciones de vida asociados con ese estrato socio-económico. A falta de cifras, me remito a la experiencia: La pandemia afectó fuertemente con la pérdida de empleos formales, la afectación a las pequeñas y medianas empresas, así como a profesionales y personas en autoempleo. Más allá de ese hecho intuitivo, difícil hacer un análisis como el que hizo el Banco Mundial para Guatemala. Con un censo cuestionado, sin encuestas de hogar desde el 2014, y sin ENEI que haya documentado lo acontecido en 2020, solo podemos remitimos al mundo de la vivencia de las redes de relaciones.

En otros países hay claridad de que la principal herramienta para restablecer en el corto plazo la economía es la vacunación masiva de la población, la cual debería ser combinada con medidas de soporte económico. Acá no tenemos ni una ni otras. Si no fuera por los países amigos de Guatemala que han donado el 59% del total de vacunas disponibles, y por el mecanismo Covax, que facilitó otro 23% (comprada), acá prácticamente no habría vacunación. Los fallos de gestión de la vacunación, más otros intereses aun inconfesables, y la carencia absoluta de medidas para controlar la epidemia, nos sumen cada día que pasa, en una situación económica mucho más difícil. Una que no se refleja en absoluto en las estadísticas del PIB que se pavonean esta semana en el país.