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Suspenso e incertidumbre pueden provocar violencia

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Las urnas están cerradas, pero la batalla permanece abierta, cada vez más crece el temor de que pueda generarse violencia a partir de los resultados tan cerrados que ocurrieran después de las elecciones estadounidenses, donde quedó un sentimiento, en ambos lados, de que esta elección es casi existencial, es decir que de estas votaciones dependerá el futuro del país, por lo que el ambiente que se percibe es de tensión y nerviosismo. La mayoría de estadounidenses desea que esta elección termine con tranquilidad, no quiere violencia; sin embargo, la polarización del país, los discursos confrontativos de ambas partes, sumado a la proliferación de armas de fuego, puede generar violencia, solo se necesita encender una chispa. Podría haber disturbios, especialmente si los propios candidatos provocan tensiones con sus discursos, en lugar de calmar a sus simpatizantes.

Ya es del conocimiento de los servicios de seguridad de EE. UU. que hay grupos de izquierda bastante anarquistas, que han utilizado la fuerza durante las grandes manifestaciones de los últimos meses desde el asesinato de George Floyd. Pero también existen grupos de extrema derecha que comparten una ideología supremacista blanca y que están muy bien armados.

Estados Unidos hoy es un país muy dividido, que ha mostrado signos de violencia armada por venir, un reflejo sintomático del miedo que ha despertado en estos últimos meses la tensión que provocó el coronavirus, la crisis económica, el desempleo y las manifestaciones raciales. No es ser alarmista, pero conforme vayan avanzando los resultados, la situación podría ir deteriorándose si en ambos lados se establece la condena por un proceso electoral fraudulento, que generaría disturbios si persiste la incertidumbre electoral.

Es alarmante saber que en los últimos 7 meses se han vendido 19 millones de armas, superando en un 91% la demanda en el mismo período en el 2019. Lo cual sugiere que las personas se están preparando ante la posibilidad de enfrentamientos. En este momento han surgido ya tensiones en Washington y Portland, tras los resultados iniciales. El miedo a la radicalización de las manifestaciones persiste mientras el resultado de las elecciones parece cada vez más incierto y algunos colegios electorales están bloqueados. El temor a la escalada de violencia está latente. La Guardia Nacional tiene listas unidades de prevención para evitar altercados. Así mismo, la policía de New York ha pedido a bares y restaurantes que quiten de la calle mesas, sillas y montajes; al igual que en Chicago, Texas y San Francisco, donde los establecimientos han comenzado a protegerse con placas de madera para evitar saqueos, por la posibilidad de disturbios violentos al final de la jornada electoral. Las imágenes de escaparates en Nueva York y Washington atrincherados por comerciantes, aún en vísperas de las elecciones presidenciales, daban la pauta de que podría esperarse violencia en las calles, después del proceso.

Aunque se prevén altercados en algunos puntos focalizados, después de que se den a conocer los resultados finales. También hay que considerar que muchos estadounidenses no votan, no le interesa la política y no viven esta elección con la misma intensidad que los medios y observadores, ni siquiera como los activistas de cada bando. Pero también es cierto que el estadounidense promedio sí está preocupado por la economía, salud y desempleo; factores que sí pueden emocionalmente afectar en el comportamiento masivo y volverlos violentos. A pesar de las dudas de un posible fraude electoral, lo importante hoy es hacer un llamado a la calma, recordarle a la gente que hay que esperar el conteo final antes de proclamar la victoria.