Conciencia

Tierra de gracia, la esperanza para Venezuela

Venezuela no ha salido de la crisis. Pero por primera vez en años, muchos sienten que algo comenzó a moverse.   

Recientemente conversaba con una amiga venezolana. Lo que me impactó fue su semblante y la ilusión que tiene de que por fin Venezuela va hacia el cambio.


Después de 27 años de chavismo, represión, cooptación institucional y deterioro económico, el sentimiento que describen quienes viven hoy en Venezuela no es de triunfo. Es de incertidumbre con esperanza. Optimismo, pero cauteloso.


No hay certezas, pero hay una diferencia clara: ya no se siente el mismo miedo. Se habla de una hoja de ruta que plantea tres fases: estabilizar, recuperar y transitar. Hoy el país está en la primera estabilización. Eso significa reducir la violencia, abrir espacio a la inversión e intentar recuperar infraestructura y productividad. No es todavía transición política plena. Es un intento de orden inicial.


En ese marco se aprobó de manera exprés una nueva ley de hidrocarburos que abre el sector petrolero a inversión extranjera. La apuesta es atraer capital para reactivar el único sector capaz de generar recursos significativos en el corto plazo. Pero las empresas han sido prudentes. Sin seguridad jurídica real y sin respeto efectivo a los contratos, nadie invierte. El antecedente de expropiaciones durante el chavismo sigue pesando, y las demandas internacionales aún abiertas recuerdan que la confianza no se restablece por decreto.


La economía continúa golpeada. Sueldo mínimo cercano a US$3. La Inflación es altísima. Hay productos en los anaqueles, pero la mayoría de las personas apenas puede comprar lo básico. Como se sabe, la pobreza no desaparece con una ley, sino con certeza jurídica, inversión, estabilidad y generación de empleo.


En paralelo ya se han liberado cientos de presos políticos, aproximadamente la mitad. No con la velocidad que muchos quisieran. Pero es algo que no se veía en años. Las familias siguen vigilantes. El poder, según reconocen incluso sus críticos, sabe ganar tiempo. Y esa es una advertencia que nadie ignora.

No hay certezas, pero hay una diferencia clara: ya no se siente el mismo miedo.


El dilema de fondo es la legitimidad. Hubo elecciones cuestionadas, denuncias de fraude documentadas y una institucionalidad electoral intervenida. Si se quiere una transición real, no basta con administrar el presente. Haría falta una nueva ley electoral, un nuevo Consejo Nacional Electoral, devolución de tarjetas partidistas, regreso de exiliados y elecciones generales con observación internacional creíble.


Ahí entra el otro componente, el programa de gobierno liderado por María Corina Machado, “Tierra de gracia”, que nació tiempos atrás. Tiene propuestas detalladas y un esquema definido para los primeros cien días dentro del marco legal vigente. Hay equipos preparados, dentro y fuera del país, dispuestos a asumir responsabilidades.


Esa planificación es lo que muchos consideran la diferencia respecto a ciclos anteriores. No es solo protesta, hay un proyecto. El respaldo o supervisión estadounidense son vistos como factor que ha limitado márgenes de maniobra del poder actual. No se percibe como una intervención clásica, sino como un tutelaje que condiciona decisiones. Eso ha generado una sensación inédita: por primera vez en décadas, el poder no actúa con absoluta libertad interna.


Pero nada está resuelto. No hay reforma institucional consolidada. No hay transición cerrada. Lo que hay es un proceso en movimiento. Y quizá lo más significativo es que la gente vuelve a hablar. En el metro, en la calle, en redes sociales. Se siente menos miedo a opinar. Después de años donde expresarse podía tener consecuencias, esa libertad incipiente pesa.


Venezuela vive otros tiempos, aunque todavía no viva otro sistema. Tiene un plan preparado para el futuro, aunque el presente siga siendo frágil. La diferencia es sutil, pero profunda. Y en el contexto venezolano, eso ya hace una diferencia.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala