Si me permite

Todo esfuerzo será recompensado a su tiempo

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“El tamaño de tu éxito será del tamaño de tu esfuerzo”. Francisco de Miranda

Cuando se está pensando en el esfuerzo se sobrentiende que se está visualizando cómo romper la rutina y comenzar a abrir una brecha o un sendero por el cual muchos posiblemente pensaron que no se podía y que es mejor dejarlo a otros. Entonces los que han percibido esa alternativa están dispuestos a tomar ese lugar, y después de haber hecho un cálculo inician un proceso hasta lograrlo, o bien tener respuestas que indique cómo se puede hacer.

Es sorprendente poder percibir que los esfuerzos que se han hecho iniciaron con detalles que a primera vista ni se notaban o bien no se les daba la importancia necesaria, pero cuando uno es detallista y sabe persistir, usa el debido esfuerzo y alcanza logros que no solo le satisfacen a su persona sino también a los que le rodean.

Esto nos indica que los que son esforzados se gratifican, pero ayudan a los demás también porque tienen una voluntad que los pone en la acción y todo empeño que eso implique lo saben justificar.

En la vida que nos toca vivir se valora el modo en que avanzamos, y lo que queda atrás tuvo su importancia en su tiempo. En adelante se buscan horizontes que lo lleven a uno a nuevos terrenos y nuevas vivencias.

Claro está que el horizonte no se acerca a nosotros, nosotros somos los que avanzamos, no ignorando la realidad que se requiere de un esfuerzo, y para distintas personas el esfuerzo es diferente, pero es parte del costo que habrá de recompensarse con gratificación.

El diario vivir puede ser como el que está escalando una montaña y su mira no el punto donde inició, sino la cima, y al alcanzarla se ve la distancia que manifiesta el esfuerzo que se ha invertido para llegar a esa meta. Claro que no es el final, cada meta lograda con esfuerzo, indiscutiblemente es el inicio de la oportunidad para visualizar la próxima meta y comenzar a evaluar, por lo anteriormente vivido, el esfuerzo que requerirá la nueva meta, lo que no será posiblemente igual y habrá de requerir mucho más esfuerzo.

Cuando se entiende que la perseverancia llega a ser casi un sinónimo del esfuerzo, uno, paso a paso, va aprendiendo la manera como hacen las cosas y por qué las hacen, al punto de que cada plan o cada proyecto que se está considerando incluye la medida del esfuerzo con un cálculo que difícilmente tiene un margen de error.

Claro, cuando uno no se conoce a sí mismo y simplemente está compitiendo a ciegas, las frustraciones y decepciones serán la paga de cada esfuerzo, pero cuando es lo contrario el logro es lo más natural que se espera y el rostro lo refleja sin dejar ningún perfil de sorpresa.

Si pudiéramos aprender más temprano en la vida que los esforzados son siempre muy bien recompensados, tendríamos en nosotros no solo el empuje para avanzar, sino los medios por los cuales la frustración y la desesperación no nos acompañarán bajo ninguna razón.

Sin lugar a duda, las personas que más admiramos por sus logros son aquellas que han puesto el máximo de su esfuerzo en alcanzar aquello que se han propuesto.

Reconozcamos que estamos en esta vida para hacer la diferencia, y por ello debemos esforzarnos para que la gratificación nos acompañe y, lo más importante, que el tiempo nos califique como personas logradas.