Si me permite

Transmitir conocimiento inicia con convivencia

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“Es un maestro excelente aquel que, sin enseñar muchas cosas, hace hacer en el discípulo un afán grande de aprender”. A. Graf

Al recordar cada uno de nosotros muchos perfiles que hemos logrado conservar en la vida entendemos que es porque un maestro de alguna manera tuvo una influencia determinante, la cual nos ha permitido llegar a donde estamos. Eso implica que un maestro no está ante sus alumnos solo para informar, sino para poder involucrarse en la vida de ellos en un proceso formativo.

Muchos maestros tienen el arte de descubrir el potencial del estudiante, al extremo de que en los años que tuvo la etapa formativa en su hogar nadie pudo detectar y no es extraño que al llegar a una clase su maestro puede ver la dimensión de lo que puede alcanzar y es una simple habilidad de encender una chispa de potencial que ayuda al alumno a descubrir nuevos horizontes y nuevas alternativas.

Todo ser humano es sujeto a sus sueños y los puede estar llevando por mucho tiempo hasta que en un momento, cuando el maestro, parado en la clase, dice algo o desafía al grupo para algo, ese sueño inicia a tomar forma hasta el momento de la gratificante hora de ser una realidad y no simplemente un sueño.

No es extraño cuando se le pregunta a alguien qué fue lo que lo inspiró o motivó para emprender la carrera para la vida que lleva y se haga una simple referencia a un maestro que pudo detectar algo de lo que la persona reflejaba para poder tener el inicio de un panorama que se ha tornado gratificante.

Claro está que los maestros que visualizan los sueños de un educando van mucho más allá que simplemente el deber de enseñar y cumplir con la clase que se les asignó para impartir.

Maestros que en clase y fuera de ella contemplan a sus alumnos en esos simples detalles que los ocupan y pueden percibir lo que pueden alcanzar si se les orienta correctamente y se les da la oportunidad para ello.

Se debe ser muy cuidadoso en estos días para que en el proceso de educar y formar a nuestros alumnos no se estén atropellando sus principios culturales, entendiendo que los patrones culturales a los que pertenecemos no simplemente nos dan identidad, sino que nos permiten convivir armónicamente con los nuestros y este elemento se transmite de una generación a otra, porque de lo contrario llegaremos a ser extranjeros en nuestro propio medio, lo cual no solo sería fatal, sino peligroso.

En el proceso de educar se debe entender que hay un elemento fundamental que es la motivación, porque sin ella se puede caer en una monotonía del aprendizaje en el que, si bien se alcanzan los objetivos, estos no se integran en la vida diaria del educando.

Es sorprendente que los elementos de motivación son enmarcados en un contagio que sin hablarse se comunica por lo que uno es y el modo en que lo hace.

Es sorprendente ver en el semblante de los que estudian cuando lo están haciendo porque les interesa, y sobreponiendo todo tipo de adversidad y contratiempo llegan a lo formativo del momento más formal de la clase. Incluso en el momento de distracción se está aprendiendo y terminan formando parte de la vida.

Es deber de todos nosotros crear una atmósfera de convivencia para que cada educando recuerde el tiempo del proceso como el tiempo de lo más gratificante y que lo pudo desafiar a seguir adelante hasta ver realizados cada uno de sus sueños.