Nota bene

Trump arremete contra el papa León XIV

¿Por qué dice y hace cosas irritantes?

El presidente Donald Trump publicó, y luego borró, una imagen de IA en Truth Social que comunica lo solo que se siente. En la ilustración, él desciende del cielo irradiando luz de sus manos. Extiende una mano hacia un hombre enfermo para curarlo milagrosamente. Al pie de la cama, una mujer reza y contempla a Trump con admiración (¿veneración?). Nuestra forma de vida se ve amenazada por malvados terroristas y regímenes totalitarios, y Trump se identifica como el salvador de la cultura occidental, el paciente. A cambio de sus heroicos esfuerzos por rescatarnos, recibe ingratitud y escasa cooperación de los gobiernos amigos. Trump quiere la bendición del sumo pontífice, así como aplausos, laureles y arcos triunfales.


La imagen se suma a agresivos mensajes dirigidos al papa León XIV. Trump lo acusó de ser pusilánime frente el crimen y de jugar política partidista. El Papa respondió que no quiere polemizar, y reafirmó su postura con elegancia. El intercambio suscitó sentidas reacciones. Hasta la Conferencia Episcopal de Guatemala emitió una carta abierta expresando apoyo a León XIV.


Choca la necedad de Trump. En todas partes hay católicos de buena voluntad que, por distintos motivos, favorecen o desaprueban de la guerra en Irán, las políticas antimigratorias, el calentamiento global y más. Estos desacuerdos no nos desconciertan. La Iglesia enseña que los seres humanos tenemos uso de razón y fuimos creados libres, y, por eso mismo, podemos y debemos formar un criterio personal sobre asuntos opinables. Desde la humildad y el respeto, buscamos la verdad a través de la investigación y el diálogo. Agradecemos y llevamos a la oración las orientaciones de nuestros líderes religiosos, pues ellos estudian el magisterio y buscan nuestra salvación eterna, siendo al mismo tiempo individuos con gustos y disgustos, vastos conocimientos y puntos ciegos.

Alrededor de 27% de los votantes son católicos


Por otra parte, León XIV es el sucesor de Pedro, la “roca” que recibió de Jesucristo la autoridad divina y la misión de transmitir la Verdad revelada y el Magisterio de la Iglesia. El depósito de la fe y el amor a Dios es lo que nos une. Y es que, como explicó el papa Gelasio I al emperador bizantino Anastasio I en una carta, en 494, duo sunt. Es decir, el poder eclesiástico y el poder político son dos caminos distintos que a veces se intersecan. Las autoridades de la Iglesia no comentan los sucesos terrenales para buscar pleito, sino para recordar los principios teológicos y éticos.


Trump sabe que aproximadamente el 55% de los casi 60 millones de católicos en Estados Unidos votó por él en 2024. (Pew Research Center). Constituyen entre el 20% y el 27% del electorado total, y las conversiones al catolicismo van en aumento. ¿Por qué el presidente persiste en irritar a tantos seguidores?


Recordando la ocasión en que se retrató a sí mismo disfrazado de pontífice, en 2025, algunos dicen que Trump tiene un ego tan grande que quiere ser Papa. ¿Es broma? Es más probable que anticipe una victoria republicana en las elecciones de medio término, aun sin el voto católico. O que calcule ganar más votos de sus electores anticatólicos de los que perderá. O bien podría prever una derrota electoral, y pretende que se atribuya dicho revés a sus exabruptos, y no a sus políticas sustantivas.


Sin duda, Trump sabía que este pleito sería la comidilla de la prensa izquierdista. Quizás sea una estrategia deliberada para evitar titulares potencialmente más dañinos, como que aumentan la inflación y el gasto público, no logra negociar la paz definitiva con Irán, o sufre tropiezos en su persecución de los migrantes ilegales.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).