La antorcha

Una diplomacia global desvertebrada

La diplomacia global está actualmente desvertebrada sin capacidades políticas y diplomáticas de alto nivel.

Su santidad el papa Francisco (2013-2025), al reflexionar en el 2015 sobre situaciones de conflictos bélicos en el mundo, expresaba: “Es una especie de tercera guerra mundial combatida por partes; y, en el contexto de la comunicación global, se percibe un clima de guerra”.

Se han profundizado las grietas de la unidad estratégica de Occidente.

A esa expresión original y elocuente de “una tercera guerra mundial combatida por partes” se le añadió un nuevo capítulo de mayor escala en febrero del 2022. La confrontación militar entre las grandes potencias de Occidente apoyando a Ucrania frente a la agresión de la Federación de Rusia. Esta guerra que ha causado miles de fallecidos de las partes directamente involucradas, desplazamiento de millones de personas, destrucción de ciudades e infraestructuras críticas, sobre todo de Ucrania, y en la que se han empleado armas y tecnologías muy avanzadas, aún continúa, transcurriendo su cuarto año, sin que se tenga certeza de una pronta y definitiva negociación de paz.

Esta guerra, que por sí misma ha desestabilizado el equilibrio mundial y afectado seriamente la funcionalidad y efectividad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha minado a su vez la tradicional unidad estratégica militar de Occidente, especialmente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), hoy de 32 miembros, liderada desde su fundación, en 1949, por los Estados Unidos. La Unión Europea (UE), de 27 países miembros, que es un logro histórico de integración y de gobernanza política y económica, no ha salido indemne de esta confrontación que se da dentro del ámbito geográfico de Europa.

A estas circunstancias, de suyo complejas y divisivas derivadas de la guerra de Ucrania, se le añade ahora en paralelo el ataque preventivo de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, del 28 de febrero pasado. El devenir de esta nueva guerra en Medio Oriente, que está teniendo un impacto global de proporciones alarmantes y en la que no se descarta, por la exposición existencial de algunas de las partes, el uso de armas de destrucción masiva, ha profundizado las grietas de la propia unidad estratégica de Occidente, dificultando encontrar fórmulas de coordinación no solo de índole militar, sino político-diplomáticas.

Ante las dos guerras simultáneas, la de Ucrania y la de Medio Oriente, es evidente también la ausencia sentida de un efectivo secretario general de las Naciones Unidas, cuyas funciones clave frente al Consejo de Seguridad es “utilizar sus buenos oficios para prevenir y resolver conflictos, promoviendo la diplomacia y la negociación pacífica” y, al mismo tiempo, “actuar con independencia y objetividad, sin recibir instrucciones de gobiernos o entidades externas”.

El secretario general, António Guterres, que está por terminar su segundo mandato en unos meses, se despide, dejando una ONU desfinanciada e irrelevante.

La diplomacia global está actualmente desvertebrada sin capacidades políticas y diplomáticas de alto nivel que aborden con creatividad, con talento, con prestigio y alta dosis de pragmatismo unas negociaciones efectivas por la paz ante los desafíos apremiantes de estos tiempos.

El papa San Juan Pablo II, al visitar en el año 2000 los lugares santos, expresó: “Aquí, en el Santo Sepulcro y en el Gólgota, a la vez que renovamos nuestra profesión de fe en el Señor resucitado, ¿podemos dudar de que con el poder del Espíritu de vida recibiremos la fuerza para superar nuestras divisiones y trabajar juntos a fin de construir un futuro de reconciliación, unidad y paz?

ESCRITO POR:

Luis Fernando Andrade Falla

Posgrado en Relaciones Internacionales, Universidad de Georgetown Washington, D.C. USA 1994-1995. Licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad Francisco Marroquín. Catedrático universitario. Contacto: lfandradef@hotmail.com