Si me permite

Unos mueren en vida por perder la esperanza

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La esperanza es un estímulo vital muy superior a la suerte”. Friedrich Wilhelm Nietzsche

La esperanza bien entendida es algo que se cultiva en una manera progresiva y esta debe ser enseñada en los años formativos de la vida para que nos pueda dar el empuje necesario en momentos críticos que enfrentamos.

Es una realidad muy cruel que pueden fácilmente entender aquellos quienes esperan de otros o de terceros para poder alcanzar la esperanza que un día visualizaron y acariciaron, pierden mucho más que lo que otros puedan ayudar. Es diferente cuando uno permite que lo que le rodea sea bien usado para que abone positivamente a la esperanza que cada uno de nosotros tiene.

Cuando visualizamos algo, esto no tiene que confundirse con el simple hecho de saber cómo interpretar lo que nos rodea y qué camino nos puede ayudar para avanzar y poder así llegar a lo que hemos acariciado por mucho tiempo. Cuando se puede entender esta simple diferencia habremos aprendido a no dolernos por lo que el medio colabore con nosotros o no lo haga.

Es muy sano y también provechoso cuando de niños se nos cultiva con ingredientes que en cada paso de la vida nos enriquecerán la esperanza que debemos tener. Algunos de ellos no son simples y sencillos, pero son parte elemental de la formación.

Uno de estos es cuando se nos permite soñar y pensar en cosas que se pueden alcanzar, aunque en nuestro medio no sean una realidad. Otra forma es saber escuchar a aquellos que expresan en qué están fijando sus esperanzas, y el tiempo es el único juez que dirá si lo que se soñaron pudo llegar a ser una realidad.

Sin lugar a duda, el soñar con algo no implica que esto puede ser esperanzador. Uno debe muy realistamente entender el pasado que ha vivido, juntamente con el empeño y esfuerzo que se está teniendo en el presente para que estos elementos puedan, con el tiempo, ser aliados. Un ejemplo simple: estoy con una esperanza de poder viajar y conocer el mundo que me rodea. Esto es posible y motivador, pero si apenas manejo el idioma que aprendí en casa y no he hecho ningún esfuerzo en aprender otro idioma y, peor aún, no me llama la atención hacerlo, difícilmente podré alcanzar y cristalizar la esperanza de viajar para poder sacar el mayor provecho.

No importa dónde nos encontramos cada uno de nosotros y cuánto hemos logrado, podemos desde hoy empezar a cambiar el rumbo de vida que hemos vivido y comenzar a trazarnos nuevos rumbos esperanzadores, haciendo primero la tarea de lo que nos corresponde a nosotros y luego saber aceptar retos y desafíos que se nos presentan, para que el conjunto de estos nos permita vivir aquello que hemos tenido como una probabilidad esperanzadora.

La historia habla de infinidad de personas que cambiaron el curso de la vida que estaban viviendo y el provecho no simplemente fue para ellos, sino para los que visualizaban e hicieron todo lo que les correspondía hasta que la esperanza se cambió en realidad y todos se beneficiaron de ello.

Nos queda una de dos alternativas, resignarnos a lo que nos ha tocado y no aspirar a ver cambios en la vida, mientras que otros tienen la suficiente determinación de no quedarse en lo que están o, por el contrario, salir de ello cueste lo que cueste, y cuando lo logremos no sería para presumir, sino para disfrutarlo.