Catalejo

Urgencia de poner freno a la inteligencia artificial

Ahora el gran peligro lo constituye la inteligencia artificial, relativamente reciente y utilizada en los últimos años en toda clase de actividades humanas.

Un total de 300 mil civiles japoneses de Hiroshima y Nagasaki hubieran rescatado sus vidas si se hubiera pensado en los efectos de las bombas atómicas, causantes de la inmediata rendición japonesa y el fin de la Segunda Guerra Mundial, hace 80 años. Se pensó nada más en terminar una guerra ya perdida por los atacantes a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, aliados a la Alemania nazi. Varios países, entre ellos la Unión Soviética, se agregaron a la posesión de la bomba atómica y, peor aún, de la bomba de hidrógeno. Alfred Nobel había inventado un explosivo nuevo, la dinamita, para facilitar la extracción de minerales, pero pronto otros científicos lo convirtieron en un arma de guerra. Decidió crear un premio en efectivo para quienes trabajaran por la paz y el beneficio de la humanidad, lo cual tiene una gran carga de subjetivismo. 

Como ha ocurrido con muchos inventos, la IA sin frenos ni límites puede colocar al planeta a las orilla de su destrucción.

Ahora el gran peligro lo constituye la inteligencia artificial, relativamente reciente y utilizada en los últimos años en toda clase de actividades humanas. Como la bomba atónica y la dinamita, fueron creadas por inventores tecnológicos. Ya han comenzado a alzarse voces preocupadas por la ausencia de límites y los efectos contrarios a los seres humanos. Es una realidad la eliminación de empleos, por haberse vuelto innecesarios, por lo cual ya están saliendo a la superficie de sus defectos. Ya es muy alto el porcentaje de actividades necesitadas de mano de obra intelectual. Ha cambiado todo y la raza humana se dirige a su propia destrucción,     Como ejemplo, los escolares son las primeras víctimas, porque sus estudios tendrán a un robot como maestro o catedrático.

Pero como la historia se repite, ya hay millones de personas convencidas de la infalibilidad de la IA y de considerar al producto del pensamiento de las máquinas como una prueba total de progreso, desarrollo y demás. Ciertamente, son muchísimas las actividades humanas se realizan mejor con este invento, pero el pensamiento humano es una cualidad única, por la cual se puede razonar, crear ideas, comprender y percibir el mundo. Una máquina no tiene estas posibilidades, y si puede tomar decisiones por sí misma, sin intervención humana, se convierte en una amenaza existencial solo explicable si se utiliza pensamiento humano de tipo humanístico, centrando la capacidad de autoanálisis y por tanto de voluntad, ambas ausentes en cualquier máquina.

Los inventores se entusiasman por sus logros, pero no hacen autoanálisis ni intentan predecir efectos gigantescos para el género humano. La IA tiene ese riesgo. Puede ser utilizada para las guerras, y esto parecería ser un avance porque no mueren soldados, pilotos, marineros y civiles inocentes, los “daños colaterales”. Pero es imposible detenerlos una vez lanzados.  Si se utiliza para metas militares, aun con esa imposibilidad de detenerlos, el país con más IA se convierte automáticamente en el amo del mundo, y los fabricantes en dueños y señores del planeta, superiores a gobernantes de cualquier ideología. La tecnología ha sido  hermana menor de la política, y por tanto de la guerra. Es mortal si cae en manos de gente fanática e incapaz de razonar.

La nueva tarea de la humanidad debe ser ahora limitar el campo de acción de la IA, aplicando para ello principios filosóficos y humanistas. Los pobladores de Hiroshima y Nagasaki, como lo mencioné antes, hubieran rescatado sus vidas si los productores de las bombas atómicas  hubieran pensado en los efectos de estos artefactos. Solo se pensó en terminar con una guerra ya perdida.  Alfred Nobel inventó un explosivo para extraer minerales, pero pronto fue utilizado como arma de guerra. Por esa razón creó el premio que lleva su apellido para quienes trabajaran en favor de  la paz. El hombre es el único ser capaz de suicidarse individual o colectivamente y de acabar con su planeta. Decir esto no es exageración ni alarmismo.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.