Liberal sin neo

Usadores y usados

Nunca hay que desperdiciar una crisis.

“Algunos quieren usarte, algunos quieren ser usados por ti”, es una estrofa de la canción Sweet Dreams, de Eurythmics (1983). Observar videos de las manifestaciones en la ciudad californiana de Los Ángeles me evocó esta estrofa y llevó a cuestionar hasta qué punto estos sucesos son espontáneos y en qué medida son dirigidos e instrumentalizados por grupos con agendas políticas específicas. Manifestantes con pancartas dice una cosa; personas encapuchadas que por casualidad se encuentran con un ladrillo o patineta en la mano para agredir a policías, que incendian vehículos, saquean, atacan y huyen en motocicletas, dice otra.

Dirigidos e instrumentalizados por grupos con agendas políticas específicas.

Coincidentemente, mientras ocurrían los disturbios en Los Ángeles, fue interceptado el barco que conducía a la activista Greta Thunberg a Gaza, sin que fuera claro qué pensaba hacer allí. Esto me condujo a explorar a Greta como caso icónico en la discusión sobre usadores y usados en la promoción de causas ideológicas y políticas.

Siendo adolescente, Greta Thunberg cobró notoriedad en 2018 con una huelga escolar frente al Parlamento sueco, exigiendo acción contra el cambio climático. En pocos meses, su activismo alcanzó plataformas globales; su estilo confrontativo y emocional la hicieron una figura efectiva y atractiva para promover la causa. Sin embargo, su ascenso meteórico no fue un proceso espontáneo, sino el resultado de una estrategia cuidadosamente estructurada, respaldada por organizaciones, medios y actores políticos con agendas propias.

La figura pública de Thunberg combina una retórica moral intensa con una estrategia mediática eficaz. Su discurso interpela la conciencia colectiva al tiempo que propone dar fuerza moral a narrativas políticas fuertemente intervencionistas. Su eficacia no se basa en un dominio técnico del cambio climático, sino en una poderosa simplificación moral que convierte causas complejas en imperativos emocionales. Es una jovencita que grita indignada al mundo: “Nos están robando el futuro” y “¡Cómo se atreven!”.

El paso de Greta del activismo climático a la causa palestina despierta sano escepticismo.  Si bien aparenta estar relativamente informada sobre estudios y causas climáticas, su posicionamiento sobre Gaza e Israel carece de sustento histórico o geopolítico. Su retórica sobre el conflicto no va más allá de los marcos binarios de oprimidos y opresores. Esto sugiere que su activismo responde más a patrones prefabricados que a un análisis contextual. Entrevistas con Thunberg refuerzan estas dudas: destaca por su convicción emocional, pero no despliega pensamiento analítico complejo ni manejo matizado de teorías económicas o geoestratégicas. Su conocimiento climático, aunque sincero, es derivativo de posiciones ideológicas y su posición sobre otros temas políticos demuestra una tendencia a la generalización emocional antes que a la comprensión intelectual.

Su impacto es indiscutible, pero su figura ha sido moldeada y utilizada por actores que ven en ella una herramienta útil para sus propios fines. Su evolución de activista climática a figura política global refleja el poder de los medios en la construcción de liderazgos y la manera en que el activismo puede ser canalizado hacia objetivos que van más allá de su intención inicial.

Nunca hay que desperdiciar una crisis. Los disturbios en Los Ángeles sufren de lo que llamaré síndrome de Greta. Una manifestación que surge de manera espontánea, sincera y emotiva es capturada por la industria de la protesta para sus propios fines políticos. La magnificación mediática atribuye a los usadores la calidad moral de la emoción original.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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