Cable a tierra

Vacunación covid-19: el ritmo y la escala sí importan

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Mientras esperamos que “para abril o para mayo” llegue una nueva dotación de vacunas, aprovecho para referirme a la urgencia de escalar el proceso de vacunación. Si bien se valora el intenso esfuerzo que está haciendo ya el personal local de Salud, no podemos pensar que vacunando entre 3 mil y 5 mil personas diarias vamos a llegar a la meta del 70% tan rápido como necesitamos. ¿Cuán rápido es eso? En el menor tiempo posible que lo permita, por un lado, la disponibilidad de vacunas, y por el otro, la estrategia diseñada para masificar el esfuerzo. Si el MSPAS se conforma con el ritmo actual de vacunación, tardaremos entre nueve y cinco años y medio para cubrir a 10 millones de personas solo con una dosis.

Quiero resaltar el sentido de urgencia y prioridad política que debe tener plantear una estrategia de vacunación masiva que, si bien se entiende que tendrá que acompasarse al ritmo de las entregas de vacuna por parte de los proveedores en el mercado global, tenga a nivel nacional, departamental y municipal (en cada área y distrito de salud) todo preparado para aplicar las vacunas disponibles siempre en los plazos más cortos posibles. El ritmo al que se logre alcanzar la meta de vacunación del 70% importa tanto como la meta misma, pues no solo se necesita asegurar que cada individuo vacunado disminuye su riesgo individual de enfermar y morir, sino que la inmunidad del colectivo permite interrumpir la cadena de contagio y de reproducción del virus. Así también, que se reduzca el riesgo de mutaciones que puedan hacer perder efectividad a las vacunas que tanto nos está costando conseguir. Si no, seguiremos a saber cuánto tiempo más a merced no solo del virus, sino de decisiones arbitrarias e inoportunas como las que se tomaron tardíamente la semana pasada.

Por ende, la vacunación masiva y acelerada tiene una clara importancia estratégica para la salud y para la economía. Es imperativo vencer la tendencia chapina de hacer las cosas por “pushitos” y el miedo a “pensar en grande”. Se requiere llevar a cabo un proceso de gran escala donde, sin duda, se necesitará el reforzamiento de la capacidad institucional del MSPAS y del IGSS, y también el aporte de múltiples sectores e instituciones colaborando para lograr el objetivo común.

Posteriormente se podrá pensar en la institucionalización de la vacunación con un proceso regular, que se maneje con la capacidad institucional instalada. Una vez lleguemos al 70%, se puede cubrir por esa vía a los nuevos grupos de población que anualmente deberán ser vacunados para mantener la inmunidad poblacional en niveles adecuados; o bien, si se llegaran a necesitar refuerzos de esta vacuna (un escenario probable) más adelante. Este es un tema que la comunidad científica aún está estudiando, pero que expongo porque parte del problema actual es que demasiados mercaderes de la salud comen ansias por controlar el negocio de la vacunación en el corto plazo, y eso obstaculiza mantener la visión puesta en la meta que reactivaría la economía en general, las escuelas y el bienestar de la población.

El Salvador está desplegando una capacidad de vacunación de entre 40,000 y 50,000 personas diarias. Si tan solo lográramos eso estaríamos alcanzando el 70% (10 millones de personas) en unos 6 o 7 meses. Por tanto, aún lo podemos lograr, pero necesitamos que el MSPAS marque el paso, fortalezca al personal del MSPAS, se alíe con el IGSS entregándole vacuna, para que cubra a la población que le corresponde, e invite a múltiples instancias a acuerpar el logro de esta meta común de país, asegurando en todo momento la gratuidad de la vacuna y la efectividad en su aplicación.