Registro akásico

Vamos al parque, entra en mi vida

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Como un rayo lanzado por Zeus, cayó la persecución pública en busca de culpables. No pasaron ni 24 horas, la fuerza policial se desplegó en el caserío Pacajay, de la aldea Cruz Blanca, municipio de San Juan Sacatepéquez, para arrestar a quien zurró a su hermana menor de edad por desobedecer el no jugar cerca del pozo. También le sustrajeron a los niños que la consolaron. Se los llevaron a todos; quizás los den en adopción. No hay lesiones punibles ni otro abuso.

El enorgullecimiento por la actuación policial, rápida, efectiva e inclemente, entre las clases bajas, agrada a ciertos funcionarios. Entre más pobreza, más represión. Esposas, numerosos guardias, carros de patrulla, actas por aquí y por allá. Así es, los pobres están sujetos a la dureza de la ley. El Ministerio Público no pestañea, los jueces no difieren su procedimiento, las sentencias son duras. Acaso dura lex, sed lex.

Mientras tanto, hace dos meses, dos ciudadanos en un condominio de Mixco son atropellados a propósito por una señora. El incidente está filmado totalmente. Aparentemente al abrir las puertas del garaje, sale en carrera la perra, propiedad de la conductora, para atacar a los viandantes. Estos se defienden mientras el carro de la señora se lanza contra ellos, apachando a uno contra una verja. Aquí, no hubo consuelo para el herido. Lo llevaron a un hospital, filmación, testigos y por ningún lado la policía. En efecto, se trata de un asunto de clases medias altas. Hasta ese nivel social ya no opera la ley. La vindicta pública desaparece por la venganza o arreglo particular. El dinero lo arregla todo. La agencia del Ministerio Público recibe el parte policial para archivarlo sin tomar ninguna acción inmediata. A los afectados les corresponde la instancia para la persecución. Todos saben que la actuación del fiscal es cautelosa, lenta, comprensiva, y también ofrece ganancias extra. Pasa el tiempo y el asunto es aireado en internet. La virulencia necesita un gancho. En vez de asombrarse por la inacción judicial, cuando un ciudadano es triturado por un carro. Caso similar al ocurrido hace algunos años, con unas muchachas enviadas a protestar en una carretera por sus maestros. Al faltar un muerto, otro asunto morboso atrae la atención. Se trata de una pareja gay.

Sale a cuenta otro incidente filmado por las cámaras de seguridad, con las mismas víctimas. Son agredidos por un auto de lujo, cuyo propietario no se denuncia. Tres matones los golpean y todo queda igual. La prudencia guía la actuación de los auxiliares del MP. No se pueden tocar a personajes cuyos negocios necesitan del uso de la fuerza para disuadir. ¡Arréglense!, el dinero o el temor, mantengan la calma. En la clase alta es peor. La señora Aneliese Herrera declara que Alejandro Sinibaldi se reunía con un señor conocido por ella, como el Gato Herrera. En tres oportunidades estuvo acompañado de la licenciada Aldana, fiscal general, declaró la testigo. Póngame con Boanerges, le decía el mentado Sinibaldi. Las reuniones las hacía en el Hotel Vista Real y las etiquetaba como CC. El aparato de manipulación llama a protestar a favor del pacto anticorruptos. Viva la Corte de Constitucionalidad. Denunciemos: cuán inmundo es Ortega al darle asilo a Herrera, y lo humanitaria de la institución en EUA, al concederlo a Aldana. Halagos del embajador.

Sigamos ciegos con la falta de integración de la Corte Suprema de Justicia. Olvidemos a los amparistas y corte, causantes del entuerto. Vamos al parque. Insultemos a los diputados. Recibamos bendiciones; pero mejor, el país sea bendito.