Con otra mirada

Vamos de mal en peor

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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En el contexto de la II Guerra Mundial (1939-1945) EEUU lanzó bombas atómicas sobre las ciudades Hiroshima y Nagasaki, con el fin de ponerle fin, causando muerte, destrucción y devastación.

En Hiroshima vivían unas 350,000 personas. La bomba lanzada el 6Ag1945 mató entre 90 y 166 mil. Cerca del 80% de los edificios fueron destruidos o quedaron severamente dañados. Tres días después del lanzamiento de la bomba, el gobierno japonés seguía sin aceptar la rendición ante EEUU.

La reconstrucción de ambas ciudades empezó un año después. Se construyeron nuevos templos y parques. Algunos de los escombros fueron dejados intactos y se levantaron nuevas edificaciones con el objetivo de dejar testimonio de lo ocurrido, como el Museo de la Bomba Atómica. Hoy Hiroshima y Nagasaki son ciudades prósperas.

En ese mismo período la United Fruit Company —Ufco— (1899-1970), símbolo de la explotación, regía en países latinoamericanos, ponía y quitaba gobiernos; sobornaba presidentes, ministros y funcionarios de todos los niveles. Pagaba tarifas ínfimas por el uso de la tierra y salarios de miseria por la mano de obra campesina. Las manifestaciones y huelgas por reclamos laborales fueron reprimidas a sangre y fuego por las fuerzas de seguridad de los gobiernos a su servicio; es decir, llegó a ser un Estado dentro del Estado.

El fin de la II Guerra Mundial produjo división del poder entre EEUU y la URSS, dando lugar a la Guerra Fría. En ese ámbito, en Guatemala se dio la Revolución del 20Oct1944 y el consecuente ascenso a la presidencia de Juan José Arévalo Bermejo (1945-51) y Jacobo Árbenz Guzmán (1951-54) quienes formularon planes para convertirnos en un país capitalista y dejar atrás el feudalismo colonial.

La Ley de Reforma Agraria dictada por el gobierno de Árbenz, consideró la expropiación de tierras no cultivadas. A quien más afectó esa disposición fue a la Ufco que poseía extensos territorios cultivados en apenas un 20%. El resultado es conocido. La contra revolución de 1954 impulsada por el gobierno de EEUU en defensa de los intereses de la Ufco, el apoyo de la oligarquía local y militares traidores, forzaron la renuncia de Árbenz. La figura que encarnó el golpe de estado siguiendo el libreto de la Ufco, bajo la dirección de la Secretaría de Estado y la CIA, fue la del traidor Carlos Castillo Armas.

A partir de eso empezó la decadencia nacional y la guerra civil entre 1960 y 1996, período en que predominaron los presidentes militares, con contadas excepciones de civiles copados por aquellos, quienes no han dejado de gobernar.

36 años de guerra interna (1960-96) y 36 de era democrática (1986-2022) son muchos años en los que poco hemos avanzado. Está claro que vamos de mal en peor, hemos retrocedido en infinidad de aspectos: educación, salud, desnutrición infantil y muerte por parto; escasez de vivienda y transporte. Caos urbano, falta de planificación territorial e infraestructura. Si nos comparamos con Hiroshima y Nagasaki, destruidas de manera atroz y su pronta y eficiente recuperación, no hay duda de que algo hemos hecho mal.

Los terremotos, inundaciones, deslaves y demás tragedias naturales a las que está sujeto nuestro territorio, devienen en fuente de corrupción. Es fácil colegir que lo peor que hicimos fue permitir que nos robaran la calidad de ciudadanos; dejarnos embaucar por los mercaderes de la política y vendernos por una tortilla con sal.

Elegimos para que nos gobierne y se haga cargo de nuestro futuro, a quienes no saben gobernar y solo interesa su propio futuro.