Con otra mirada

Variaciones sobre monumentos y su conservación

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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La cultura, como creación humana, es el conjunto de valores, creencias, religión, costumbres y tradiciones; bienes materiales e inmateriales que produce un determinado grupo social. Permite a sus miembros identificarse con sus semejantes y ser considerados parte del sistema.

Hablar de la conservación de esos bienes culturales implica que los conocemos y apreciamos por ser representativos, reflejo de su historia y, por lo tanto, fuente de identidad.

Pedro de Alvarado fue enviado por Hernán Cortés, conquistador de México, a explorar el territorio hacia el sur que por entonces estaba dominado por pequeños reinos, entre los que destacaban el k’iche’ y el kakchiquel. En su carta-relación, fechada el 11 de abril de 1524, Alvarado se refiere a Quezaltenango, pues se sabe que el viernes 12 de febrero bajó la cuesta llamada Santa María, cuando sostuvo una de las más cruentas batallas en la que la superioridad del armamento y el uso de la caballería se impuso ante los combatientes indígenas, comandados por al menos uno de los señores de la ciudad de Utatlán. Su relación es escueta y contiene la única referencia a la muerte del caudillo con la siguiente frase: “En esta murió uno de los cuatro señores desta cibdad de Utatlán que venía por capitán general de toda la tierra”.

Años más tarde, en el título de la casa Ixquin Nehaib, señora del territorio de Otzoyá, surgió el nombre de Tecun Uman, que fue recogido por el historiador Fuentes y Guzmán en la última década del S. XVII. El 22 de marzo de 1960, por medio del decreto No. 1334, el Gobierno de Guatemala lo declaró Héroe Nacional, dedicándole el día 20 de febrero de cada año.

Hacia 1524 había 18 reinos. De esos derivan y se reconoce la existencia de 24 grupos culturales, incluyendo el garífuna, que se identifican por su idioma. Somos pues, un país multicultural que adolece de identidad nacional, ya que nadie se ocupó de considerar esa diversidad como su mayor riqueza y, menos aún, de reconocer y forjar a sus héroes.

Entre los monumentos erigidos, algunos representan personajes relacionados a la política y el desarrollo e ilustres de la cultura; nombres de mandatarios y dictadores han sido dados a obras públicas mayoritariamente concentrados en la capital. Hay pocos dedicados a héroes de nuestra historia, que son contados con los dedos de una mano, por la inveterada costumbre chapina de ningunear méritos a hombres y mujeres que lo merecen.

El ejemplo más notorio es la actual reconstrucción del Real Palacio, con ocasión del bicentenario de la independencia, que permite lucubrar, siguiendo la lógica de semejante despropósito, que para celebrar los 25 años de la firma de los acuerdos de paz, el próximo 29Dic2021, las altas autoridades decidan hacer monumentos a Fernando Lucas García o Efraín Ríos Montt, símbolos del genocidio cometido durante los 36 años de guerra interna.

Guatemala exhibe una identidad sustentada en los vestigios de las culturas Olmeca, Izapa, Cotzumalguapa y Tapachula de la Costa Sur; la Maya, de tierras bajas, en la península de Yucatán, Petén, Belice y Honduras, y en la omnipresente riqueza de sus descendientes, incluyendo su indumentaria. Presunción tan solo de forma, pues a esa población la excluye de los derechos y beneficios enunciados en la Constitución Política y la ve, trata y acepta solo como parte del paisaje, junto a las montañas, lagos y volcanes.

Una minoría rige sobre esas 24 naciones que ignora y se niega reconocer. Es necesario hacer de esa rica multiculturalidad, la base para forjar una nación, unida y con identidad.